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ESTUDIA
EN TUCUMAN Y ESTA EN 7° GRADO
El
abanderado de una escuela junta cartones para vivir
Manuel
Cruz va al colegio a la tarde y después sale con su familia a trabajar
en la calle. Quiere ser arquitecto.
A las 6, todas las tardes, Manuel Antonio Cruz, de 12 años,
abanderado de la escuela Juan Bautista Alberdi, termina sus clases de
7° grado y hace a pie las ocho cuadras de vuelta a su casa de El Alto
La Pólvora, detrás del Cementerio del Norte, en la capital tucumana. Vuelve
con sus hermanitos María (10) y los mellizos Marcos y Gabriel (8), que
van a grados menores.
Los chicos apenas tienen tiempo para descansar. A las 7, mientras María
se queda a cuidar a los más chiquitos —Pamela (5) y Rodrigo (1)—,
Manuel, Marcos y Gabriel salen de nuevo, esta vez con su abuela María
Luisa Giménez (53), su mamá Ana Rosa Cruz (28) y dos carritos tirados
a mano. Regresarán no antes de la una o dos de la madrugada, después de
recorrer decenas y decenas de cuadras recogiendo cartones, papeles, botellas
y latas, que cambian por unos pocos pesos que son el único ingreso de
la familia.
Ni esta agotadora rutina ni la falta de útiles y textos escolares (carece
hasta de un diccionario) lograron mermar el entusiasmo de Manuel por aprender
o su rendimiento en clase. En 2001, por ejemplo, terminó segundo a nivel
provincial en las Olimpíadas Matemáticas.
Ana, su mamá, que tuvo que dejar el secundario en tercer año por razones
económicas, lo alienta en todo momento para que estudie y lea todo lo
que cae en sus manos. "Siempre le digo a mi hijo que en la lectura va
a encontrar las respuestas a tantas cosas que él se pregunta", cuenta
la joven mujer.
Flacucho, alto, de ojos negros y penetrantes, pero tímido y callado, Manuel
prefiere las matemáticas y las ciencias naturales cuando de estudiar se
trata. Aunque lo que le gusta más que todo es dibujar y jugar a la pelota.
Se entretiene durante horas copiando personajes de historietas y dibujos
animados que "le salen muy bien", según su hermanita María.
El fútbol es para los fines de semana, siempre que no interfiera con otro
trabajo: cuidar autos durante los partidos en el cercano complejo deportivo
del Tucumán Lawn Tennis Club.
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DOBLE
JORNADA. CADA TARDE, AL SALIR DEL COLEGIO, MANUEL CRUZ JUNTA CARTON
PARA SUBSISTIR. (Foto: INFOTO)
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Cuando el diario local La Gaceta contó por primera vez su historia, Manuel
sintió mucha vergüenza de que sus compañeros se enteraran de que es cartonero
y lo cargaran. "La maestra le dijo que vergüenza debería tener si saliera
en las páginas policiales, y ahora está más tranquilo", relata su madre.
El linaje cartonero de Manuel se remonta a su bisabuela. Luego su abuela
María Luisa tomó la posta y le enseñó el oficio a su madre, que la acompañaba
desde que tenía 8 años.
En dos décadas de sacrificio, su abuela y su madre pudieron pagar el pequeño
lote que ocupan y los ladrillos para levantar con su propias manos una
pieza "de material". Pero ahora la abuela está enferma de la espalda y
a duras penas puede continuar. Sin embargo, la historia se repite con
la nueva generación.
Manuel, claro está, quiere escapar de ese destino. Y ya eligió, para cuando
sea grande, una profesión en la que —dice con entusiasmo—
podrá conjugar sus dotes para el cálculo con su pasión por el dibujo:
arquitecto.
Claro que para que ese sueño se cumpla todavía tendrá que vencer muchos
obstáculos. Uno de los más inmediatos es que la escuela a la que asiste
no tiene, al menos por ahora, los grados 8° y 9°.
Por lo tanto, para continuar con sus estudios —y si esto no cambia—,
el año que viene Manuel deberá buscar asiento en una escuela secundaria
alejada de su barrio. Y, de este modo, las cosas pueden ponérsele más
difíciles.
Rubén
Elsinger, Clarin, Domingo 3 de noviembre de 2002
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