|
Las
enfermedades que vuelven con la crisis
De
la mano de la desnutrición y la pobreza, males que se creían
erradicados, como el tifus, la fiebre amarilla y el dengue, han reaparecido
para aportar una evidencia más de la involución de la Argentina,
que está conduciendo a una generación a la inmadurez neurológica

Víctima
de la desnutrición, Romina Saracho tiene cuatro años y pesa
apenas nueve kilos; convive con su familia entre la miseria, en Villa
Quinteros, Tucumán
Hay que
aceptarlo: la Argentina no solamente no entró a ese Primer Mundo
tan veleidosamente proclamado durante la década pasada, sino que
involucionó peligrosamente hasta ver asomar, sin rodeos, los fantasmas
del pasado.
¿O de qué otra forma puede considerarse la amenaza de la
fiebre amarilla, el dengue, la leishmaniosis, el paludismo, la tuberculosis,
el tifus, la leptospirosis, la triquinosis, el hantavirus, todas patologías
directamente relacionadas con deficientes condiciones ecoambientales,
algunas de las cuales se consideraban incluso ya erradicadas?
Ni qué
hablar de la desnutrición infantil, humillante indicador de un
país que podría alimentar dignamente el equivalente de seis
veces su población, y que sin embargo tiene que asumir que todos
aquellos niños que hoy no están madurando neurológicamente
por causa de una deficiente alimentación van a conformar -irremediablemente,
y más allá de que mejore la situación económica-
una próxima generación perdida.
"Con
los años tendremos un ejército de niños débiles
mentales por este flagelo", vaticina el pediatra Abel Albino, recientemente
nominado en una terna para recibir el premio con que la organización
Hannah Neil World of Children, de los Estados Unidos, distingue las obras
de cuidado infantil en el mundo.
Albino
creó en Mendoza la Cooperadora para la Nutrición Infantil
(Conin) y ahora trabaja para expandir su obra en otras regiones del país,
convencido de que hay que impulsar acciones globales contra la pobreza
para poder atacar las patologías sociales relacionadas.
"Vemos
que junto al hacinamiento, la alimentación deficiente, las malas
condiciones de higiene, vuelve a aparecer la tuberculosis. Aumenta la
miseria, aumentan las epidemias: son fenómenos que van de la mano",
dice Albino.
También
destaca la decisiva influencia del analfabetismo en muchas situaciones
afligentes.
"Es
tres veces más probable que muera víctima del desamparo
el hijo de una madre analfabeta que de otra que sabe leer y escribir",
dice.Y revela que en el centro de prevención Conin de El Algarrobal,
una zona pobre del conurbano mendocino, hay registros que indican que
hasta el 67 por ciento de los niños allí atendidosson hijos
de madres analfabetas. Lo que demuestra hasta qué punto el círculo
vicioso del atraso y la pobreza se retroalimentan.
Alto riesgo
En efecto,
el aplastante descenso en las condiciones de vida de los argentinos ha
puesto a los sectores más desprotegidos de la sociedad en situación
de alto riesgo desde el punto de vista sanitario.
Asentamientos
precarios, aguas estancadas, insuficiente alimentación, chicos
descalzos en calles de barro, proliferación de roedores, basurales,
son el triste escenario en el que se desenvuelve la vida de unos 19 millones
de argentinos, según las más recientes cifras proporcionadas
por el Indec.
Pero la
crisis no por ello perdona al resto de una sociedad que asiste, como en
un fuego cruzado, a una realidad signada por el desempleo, la inseguridad
y el cirujeo en la puerta de sus casas.
"Enfermedad
y pobreza en medicina van de la mano, aun en las enfermedades más
insospechadas", dice el infectólogo Alfredo Seijo, especialista
del hospital Muñiz y profesor en la Universidad de Buenos Aires
y en la Universidad Favaloro. Según destaca, la pobreza magnifica
todo, aun aquellas enfermedades que parecería que no tienen relación
directa con las condiciones socioeconómicas.
"Una
persona sin trabajo tiene miedo, rabia, impotencia, inseguridad, y eso
la lleva a una situación de violencia que es otra enfermedad de
la pobreza, una enfermedad social, lo mismo que la violencia familiar,
la drogadicción, las enfermedades de transmisión sexual,
las infecciones por HIV, todas patologías que se ven potenciadas
por la miseria y la ignorancia", describe Seijo.
Se trata
de un cóctel físico y emocional explosivo que atenta contra
el sistema inmunitario y deja a la persona más propensa a contraer
enfermedades infecciosas.
"De
acuerdo con lo que vemos en el Muñiz, en este campo todas las estadísticas
empeoraron", concluye.
El impacto
de la situación económica también estaría
golpeando la expectativa de vida de los argentinos, la misma que en 1995
era de 76 años, 12 más que en 1960, de acuerdo con un documento
publicado por el Banco Mundial y titulado "La pobreza en la Argentina:
un pueblo pobre en un país rico" (año 2000).
Dos recientes
estudios realizados por la sociedad civil Estudios y Trabajos de Investigación
Comunitarios Argentinos (Etica) en la zona más castigada del conurbano
bonaerense -Florencio Varela, Esteban Echeverría, Merlo, Moreno,
General Sarmiento, La Matanza, San Fernando y Tigre- evidencian que de
la mano de la pauperización, en la última década
aumentaron las muertes por infecciones y -a contramano de la tendencia
general- se registra un descenso del promedio de años vividos,
de un 2,52 por ciento en los hombres y un 7,30 por ciento de las mujeres.
Nadie
puede dudar de que el manipuleo de la basura al que se entregan cada noche
cientos y miles de cartoneros y de cirujas en las principales ciudades
del país pueda dejar de tener consecuencias en la salud, aunque
por el momento no se cuenta con cifras de esa actividad ni con pruebas
de su impacto sanitario. Eso sostiene el médico Sergio Sosa Estani,
director de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Nación.
"No
tenemos aún datos a nivel nacional que nos permitan cuantificar
si hay incremento de las enfermedades infecciosas y de las intoxicaciones
alimentarias asociadas a esta exposición", dice.
Alfredo
Seijo, por su parte, avizora graves consecuencias para la creciente proporción
de gente que se alimenta de lo que hay en los tachos de basura, como parasitosis
intestinales que, asociadas a una deficiente alimentación, agravarán
los cuadros de desnutrición.
Sonia
Blanco, directora nacional de Programas Sanitarios del Ministerio de Salud
de la Nación, explica que el ciruja se ve expuesto a distintos
tipos de riesgos emergentes de las diversas categorías de desechos
que conforman el residuo doméstico, no tan agudas quizá
como en el caso de los residuos patogénicos, pero no carentes de
peligro que pueda dañar su salud y la de sus semejantes.
"Esta
gente está expuesta a patologías respiratorias, a sufrir
lastimaduras y cortes con riesgo de padecer infecciones varias, transmitiéndoselas
a su entorno familiar, lo que se ve favorecido por las limitaciones de
su higiene personal yde su hábitat." Además, los residuos
domésticos son campo propicio para la proliferación de vectores
-moscas, cucarachas, mosquitos y roedores- y esto puede darse tanto en
la vía pública, por efecto de las bolsas rotas, como en
la propia vivienda del indigente, extendiendo el problema a su familia
y al vecindario."
Otros peligros
Sergio
Sosa Estani reconoce que en un contexto social crítico como el
que está atravesando la Argentina hay varias situaciones que pueden
favorecer brotes de algunas enfermedades infuidas por el medio, como la
triquinosis. "El número de casos se ha incrementado este año
en relación con el mismo período del año pasado",
anuncia.
"Advertimos
que si bien no existe una epidemia de magnitud, hay brotes en regiones
como Córdoba, Santa Fe o Buenos Aires, favorecidos por una situación
social muy crítica, que lleva a la gente a realizar faenados caseros
para la producción de embutidos y una comercialización sin
los controles adecuados."
Pero las
más recientes estadísticas también reflejan la prevalencia
de otras enfermedades, como el hantavirus, que prolifera en poblaciones
tanto urbanas como rurales con condiciones de vida muy precarias, y de
la que se triplicaron los casos en lo que va del año.
La leptospirosis
es otra enfermedad estrechamente relacionada con el saneamiento ambiental.
En efecto, la propagación de la enfermedad está relacionada
con el contacto entre el hombre y ciertos animales, como las ratas en
primer lugar, los perros, los caballos y los cerdos. Sin embargo, en todas
las especies que padecen leptospirosis, las fuentes de infección
se deben buscar preferentemente en las condiciones del medio ambiente.
Un nuevo ingrediente operado en los últimos años se agrega
a la urbanización de la ciudad: la ocupación de casas o
edificios viejos desocupados. Aunque no constituyan el tipo de hábitat
que es característico de las villas, se observa hacinamiento y
convivencia con roedores, los mejores caldos de cultivo para la irrupción
de esta enfermedad.
Preocupación

Cartoneros hurgan en un basurero municipal, en los
suburbios de Bariloche
Sergio Sosa Estani no niega que la tuberculosis preocupa a las autoridades
sanitarias y se sigue con atención el incremento que podrían
reflejar las estadísticas.
"Esta
enfermedad se relaciona con el estado inmunológico de la persona,
de modo que situaciones desfavorables tales como problemas de estrés
típicos de la crisis o déficit alimentario pueden favorecer
la aparición de casos."
Hasta
el 30 de agosto último se notificaron 2415 casos contra 2870 para
el mismo período de 2001. Si bien no se verifica un aumento, se
reconoce que la notificación en el país tiene un cierto
retraso. Y existe preocupación por algunas tasas que están
apareciendo en ciertas provincias.
"Se
trata de una enfermedad que nunca se erradicó y que tiene un programa
específico de prevención en el país", dice Sosa
Estani.
Jorge
Pilheu, presidente de la Liga Argentina contra la Tuberculosis, calcula
que en la Argentina hay un promedio de 15 mil nuevos casos anuales, con
alrededor de mil muertes, el 50 por ciento de las cuales se da en jóvenes
de entre 20 y 34 años, y generalmente asociadas al sida.
Alfredo
Seijo subraya el carácter tenebroso de esta asociación,
porque la enfermedad toma formas clínicas inusitadamente graves,
ante las que los fármacos de que se disponía para combatirla
ya no resultan efectivos.
El epidemiólogo
del hospital Muñiz destaca el papel de la educación y de
la prevención en la lucha contra una amplia gama de patologías
vinculadas con la pobreza.
"Se
trata de acciones difíciles porque tienen que ver con el ordenamiento
ambiental, el control de plagas y de roedores, y el mejoramiento del nivel
de vida de la población, todos elementos que necesitan claras políticas
de Estado y, además, una política económica centralizada
en el bienestar de la gente."
Por Carmen María Ramos
Viejos
males de hoy
Después
de 82 años, en 1998 el dengue reapareció en la Argentina.
Hubo otros dos brotes epidémicos, uno en 2000 en la frontera nordeste
del país y otro a principios de este año, de nuevo en Salta,
donde se originó el primero.
El dengue
ataca en todos los niveles socioeconómicos, urbanos y rurales,
si bien se ve favorecido por un medio ambiente sucio, con basurales, pozos
de aguas estancadas y toda condición que colabore al desarrollo
del Ades aegypti, que es el mosquito que transmite la enfermedad.
"Cuanto
peores son las condiciones de urbanización, mayor riesgo existe
de que proliferen los mosquitos", dice el doctor Alfredo Seijo.
"Entre
las enfermedades vectoriales, transmitidas por alguna picadura de insecto,
el dengue es el mayor problema de salud de América y también
de la Argentina donde, de producirse un brote epidémico, tenemos
una población en riesgo de 20 millones de personas", asegura.
Seijo
también alerta sobre la amenaza de la fiebre amarilla, enfermedad
que había sido erradicada de la Argentina en 1896 y cuyo último
brote selvático, en Misiones, data de 1966.
Su temor
deriva de que el año pasado se encontraron en la frontera brasileña
con Corrientes monos con fiebre amarilla. "Tenemos miedo de que vuelva
a ser una enfermedad urbana, y esto hasta hace poco era impensable",
admite.
En la
ciudad de Buenos Aires la presencia del Ades aegypti, transmisor
del dengue, es generalizada. En el hospital Muñiz, un estudio realizado
por el biólogo del servicio de Zoonosis, que dirige el doctor Seijo,
encontró más de 50 criaderos de Ades, en general en
basurales abandonados, además de capturar durante varios meses
mosquitos adultos. La actividad del mosquito en la ciudad de Buenos Aires
y el conurbano se registra de septiembre a junio.
Radiografía
de la decadencia
A
media hora de Buenos Aires
En el barrio Los Piletones (Bajo Flores), la explosiva combinación
de urbanización precaria con inundaciones periódicas, basurales,
barro y zanjas como parte del paisaje cotidiano, y una estrecha convivencia
con ratas han sido el caldo de cultivo ideal para un recurrente brote
de leptospirosis.
"Acá lo más común es que los chicos entren en
contacto con excrementos de ratas o que ingieran alimentos contaminados",
dice Noelia Fuentes, visitadora social de la zona.
En el
área rural y semirrural de La Plata, en los alrededores de la ruta
2, se dio este año el pico de los contagios por hantavirus.
"En
pocos días tuvimos tres muertes. ¿Vamos a seguir esperando
a que el número crezca?", se preguntó Laura Cibelli,
de 24 años, que cumple tareas en la cooperativa de trabajo El Progreso.
En el
barrio La Esperanza Grande, de Quilmes Oeste, el sacerdote Ramón
Insúa se ha visto cara a cara con la tuberculosis, enfermedad que
él creía del pasado.
"Hemos
tenido casos en chicos, sobre todo asociados a la pésima alimentación",
cuenta.
También
describe un preocupante aumento de los casos de retraso mental, debido
a la desnutrición, que provoca daños irreparables en el
cerebro.
"Como
consecuencia, estamos viendo grandes dificultades en el aprendizaje. Aquí
pasan de grado, pero es frecuente que un chico de tercer grado no conozca
más de cinco letras, que uno dequinto no sepa resolver las operaciones
fundamentales, que uno de sexto deletree para leer", enumera.
El asentamiento
donde está emplazada la parroquia de Jesús de la Divina
Misericordia de Caacupé, a cargodel padre Ramón Insúa,
tiene 8000 almas. La escuela que allí funciona, la Nº 85 de
Quilmes Oeste, fue inaugurada en 1997 y tiene un pozo ciego con aguas
servidas que desbordan permanentemente en el mismo patio donde los chicos
juegan en los recreos.
"Es
un foco de infección permanente -se indigna el párroco,
sacerdote salesiano de 59 años.- Es frecuente que los chicos tengan
sarpullido en la piel por el diario contacto con tierra infectada,con
animalessarnosos, con basurales a cielo abierto, con aguas estancadas,
con mosquitos." Su conclusión es lapidaria: "Este es
el escenario en que crecen hoy las nuevas generaciones de argentinos".
La
Nacion, 29 de septiembre de 2002
|