|
Default
humanístico
Familias
y marginalidad
"Una
red de vínculos estables aumenta la sobrevida" C. Sluski (Terapeuta
Familiar- EE.UU)
por
Juan Alberto Yaría (*)
LA
PLATA, 25 OCT (Especial de AIBA).
Hoy las sociedades tratan de prevenir las marginopatías (consumo
abusivo de drogas y alcohol, tendencias antisociales y violentas, venta
de sexo, abuso sexual, conflictos juveniles con la ley). Cada dólar
que se invierte en prevención de conductas antisociales se convierte
en cinco dólares que se ahorran en políticas penitenciarias
y de rehabilitación.
Los cuatro pilares preventivos son: la vida familiar organizada, el nivel
de empleo, la escolarización primaria y secundaria completadas
y un clima cultural que promueva valores solidarios y centrados en una
ética de la responsabilidad, la austeridad y el sacrificio. Estos
cuatro pilares interactúan entre sí y se retroalimentan
mutuamente.
Por ejemplo, la Unión Europea en su totalidad tiene el 7,6 por
ciento de desempleo (desde el 8 por ciento ya hay síntomas sociales)
y esto va acompañado de políticas que apunten a la protección
del menor a través de adultos responsables, por lo tanto esto implica
protegerlo de los efectos destructivos que se denominan "niño
de la calle" y "niño en la calle"; al mismo tiempo
esto va de la mano de una escolarización completa y un clima de
valores en donde el consumismo quede devaluado, aunque exista, frente
a otros modelos humanos que encarnan valores más trascendentes.
Todo esto genera en la Unión Europea un índice de marginalidad
acotado. En Corea del Sur, por ejemplo, el 100 por ciento termina la escolaridad
primaria y un 90 por ciento la secundaria. Así los países
progresan.
Nuestro país tiene el índice de desempleo juvenil más
alto de América Latina (45 por ciento), Colombia nos sigue con
el 38 por ciento. Alrededor de 2 millones de jóvenes se encuentran
en esta situación. La escolaridad sarmientina parece hoy una utopía.
El abandono escolar y el fracaso son moneda corriente; como dato podemos
decir que 40 mil adolescentes abandonaron el EGB en la provincia de Buenos
Aires.
El nivel de familias organizadas o de adultos responsables que protejan
a los niños marcan también el nivel de escolarización
y el nivel de pobreza. El 50 por ciento de los abandonos escolares tiene
que ver con la ausencia de adultos que supervisen la actividad escolar.
Asimismo la falta de familia o un grupo muy caótico es un inductor
más de pobreza. El chico sin familia tiene más posibilidades
de ser pobre y un desempleado.
En España (Universidad de Deusto-Bilbao) se han estudiado constelaciones
familiares en la adolescencia protectoras de la salud (hoy la gran revolución
es lograr que la gente se muera de vieja) y constelaciones familiares
que por su desorganización fomentan, sin quererlo concientemente,
conductas destructivas y/o autodestructivas (consumo de drogas, conductas
en conflicto con la ley).
En las familias cogeneradoras de problemas serios nos encontramos con
tendencias al desapego (no interesarse por los estudios, actividades preferidas,
amigos, lugares que frecuentan), hay escasa intimidad familiar y falta
de tiempo compartido mientras que las normas familiares son muy débiles
e inconsistentes así como los límites. En las otras familias
vemos un control del desarrollo, una gran cercanía con la menor
distancia entre lo que se dice y lo que se hace.
Se estudiaron tres vectores de la vida adolescente y de su familia: tiempo
libre, estilos educativos y transmisión de valores.
El tiempo libre del adolescente crítico es poco supervisado, las
discusiones son permanentes, la mayoría de los padres abusan del
alcohol y el tabaco y minimizan el contacto del alcohol de sus hijos así
como el uso de la marihuana. Todo lo contrario es en las otras familias,
incluso en estos padres el consumo de alcohol es menor y es más
moderado. El estilo educativo es absolutamente diferente: normas contradictorias
versus normas coherentes, permisividad unida a indulgencia y ambivalencia
versus disciplina con flexibilidad y diálogo. En la transmisión
de valores en unos predominan la desorientación y la recaída
en la obediencia sumisa y al mismo tiempo el consumismo, mientras que
en las familias organizadas se transmite el espíritu de sacrificio,
la austeridad; los padres "saben tomar las riendas" de la educación
y a su vez --tema muy importante-- hay comidas y reuniones familiares
permanentes.
Toda esta síntesis significa más salud mental, menos dolor
y sufrimiento y más ahorro para el Estado. Promover la vida familiar
es también una inversión económica. (AIBA)
(*)
Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia de
la Universidad del Salvador.
|