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El
pueblo ¿sabe de que se trata?
"Cavallo:
los últimos días de la víctima"
Por Horacio
García Bossio
LA PLATA,
21 DIC (AIBA). La crisis política-institucional que pulverizó
la gestión del doctor Fernando De la Rúa había sido
precedida por una larga recesión económica que paralizó
el aparato productivo nacional, y con él, se agigantó el
fantasma del desempleo y la pauperización de la clase media.
Esa misma clase media "empobrecida", es decir privada de su
tradicional capacidad de consumo que es el motor de la producción
interna, salió a manifestarse en un nuevo 17 de Octubre, pero no
con los descamisados como protagonistas sino con la indignación
de los eternos indiferentes que se despertaron de su mutismo y de su apatía.
En medio de esta crisis terminal, la figura emblemática del "Ministro
de todos" (militares en el ´82, el menemismo y el delarruismo),
Domingo Felipe Cavallo se erguía como el blanco de todas las críticas.
Paradójicamente este economista que había surgido de las
cenizas en la medianoche de hace seis meses como el único salvador
de la Patria, se escabulló en la oscuridad y arrastró consigo
a un Presidente que, sin un modelo económico sustentable, se quedó
solo con su impotencia (o impericia) para gobernar los destinos de un
pueblo en llamas.
Pero, aunque suene raro, el doctor Cavallo es una víctima. Sí,
es una víctima de una enorme soberbia capaz de arrastrar al abismo
a treinta y seis millones de argentinos. Es una víctima de su propia
soberbia, alimentada durante años por esos mismos argentinos que
le hicieron creer que era un semidiós.
Amparado en el modelo neoconservador del menemismo, se fue gestando en
su discurso una errónea imagen de invulnerabilidad. Su salida del
gabinete menemista, en medio de las denuncias sobre las "mafias"
(con epicentro en el llamado "caso Yabrán") le sirvieron
para construirse un halo de paladín contra la corrupción
de los poderosos, mientras que daba conferencias por el mundo y asesoraba
a naciones emergentes desesperadas como la Rusia pos comunismo.
Al mismo tiempo era objeto de múltiples pedidos de juicios en su
contra, por malversación de fondos. Ese mismo modelo neoliberal
que había construido en los ´90 de la mano del doctor Carlos
Menem, que "... se agotó por exitoso..." según
la lúcida sentencia del entonces Gobernador de la Provincia de
Buenos Aires, Eduardo Duhalde, lo devolvió a las mieles del poder,
cuando el Presidente De la Rúa lo llamó a las apuradas luego
de la renuncia anticipada del doctor Ricardo López Murphy, irónicamente
otro economista que bebe de la savia del mismo esquema neoclásico,
pero con menos cintura política.
Cavallo es una víctima de su propia soberbia, que lo llevó
a perder la brújula frente a quienes lo habían mimado en
su anterior gestión: los centros financieros internacionales, con
el FMI a la cabeza. Fue una víctima de su ceguera al creer que
su sola presencia bastaba para intimidar a los especuladores financieros,
que no conocen de alianzas eternas, sino que le bajan el pulgar a quienes
no respondan a sus estímulos de rentabilidad. Y cuando al ex Ministro
le decía que NO, se ponía como loco y empezaba a atacar
como el Quijote a los molinos de viento, acusando a todo ser viviente
de ser un monstruo "desestabilizador".
Por último, todos los argentinos también somos víctimas
de nuestra propia soberbia y de nuestra propia inmadurez, porque... ¿qué
se podía esperar de aquel que en 1982, como Presidente del Banco
Central en el gobierno de facto del General Bignone, había nacionalizado
la deuda privada, haciéndonos pagar a todos las deudas contraídas
por unos pocos? ¿Qué se podía esperar de quien, junto
a Carlos Menem, había vendido el patrimonio nacional para inventar
la ilusión de la estabilidad y de la convertibilidad que hoy nos
asfixia? Evidentemente nada espectacular. Pero como somos un pueblo que
no conoce su historia y que por lo tanto repite hasta el hartazgo sus
errores, sigue creyendo en soluciones mágicas y esos alquimistas
superpoderosos que nos lleven a un futuro venturoso con poco esfuerzo.
Si existe una lección que deberíamos tomar de esta situación
de desconcierto, debería ser esta: nada se consigue sin esfuerzo
y que, pese a que nos duela, los salvadores de la Patria (o Papá
Noel) No Existen, llámense Yrigoyen, Perón, Alfonsín,
los militares, Menem o quien fuera. Si podemos procesar esto, quizás
empecemos a madurar. Si no, volveremos a comprar viejo. (AIBA)
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