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El
pueblo ¿sabe de que se trata?
Acefalía:
nada nuevo bajo el sol
Por Horacio
García Bossio
LA PLATA,
21 DIC (AIBA). La triste renuncia de un Presidente elegido democráticamente
por más del 50 por ciento del electorado, en 1999, no es un dato
que debe reconfortarnos. Es, por el contrario, un signo evidente del fracaso
colectivo, de la errónea elección de un dirigente, a quien
se lo cree capaz de lograr un proceso de transformación estructural
y luego se lo defenestra porque ni siquiera pudo ponerlo en práctica.
Estos hechos hablan a las claras de una crisis de representatividad de
la clase dirigente, en general, pero también de una necesidad imperiosa
de inventar nuevos canales de gobernabilidad, que modernicen las viejas
estructuras de los partidos tradicionales, pero que exige la presencia
de una ciudadanía más coherente a la hora de tomar decisiones,
sin oscilar, como un péndulo irracional, de un gobierno a otro
de signo ideológico contrario por el sólo hecho de propinarle
un voto castigo aleccionador.
La actual situación de acefalía, como todo lo que nos pasa,
no es un hecho inédito en una historia plagada de marchas y de
contramarchas. La coyuntura de vacío de poder en la que nos encontramos
en estas horas decisivas, solamente recrean otros momentos ya vividos,
de los cuales no necesariamente hemos aprendido (porque no se entiende
cómo caemos siempre en situaciones similares, pese al paso inexorable
de los años).
Vivimos muchos años y no por ello maduramos. De allí que
la designación del senador Ramón Puerta como un presidente
virtual dada la ley de Acefalía no constituye un hecho inédito,
sino un revival de antiguas coyunturas de anarquía política.
Sin tener que remitirnos a la llamada Anarquía del año XX
(1820), cuando por primera vez la reciente Nación Argentina en
pañales (por entonces Provincias Unidas del Río de La Plata)
se quedó acéfala de autoridades nacionales reconocidas por
el pueblo, es necesario recordar conflictos más recientes del siglo
XX, que si bien no son comparables porque cada época tiene su propia
especificidad, quizás nos lleven a tratar de entender nuestro presente
y buscar algunas salidas creativas.
La referencia más cercana es, sin dudas, la del gobierno del Radical
Intransigente, doctor Arturo Frondizi (1958-1962), que una vez que renunció,
dejó abierta la puerta (perdón por la ironía) para
el ascenso del entonces Presidente del Senado, doctor José María
Guido, a ejercer la Primera Magistratura entre marzo de 1962 y julio de
1963.
El hecho relevante que dio origen a esta asunción de Guido por
ley de Acefalía tiene algunas aristas similares a la actualidad.
Frondizi, elegido luego de una alianza secreta con el peronismo, se vio
envuelto por los huracanes de la política interna, que mezclaron
huelgas generales de la CGT, peleas con su ex aliado justicialista y sobre
todo con la "tutela amenazante" de las Fuerzas Armadas (un elemento
ausente en los actuales sucesos que forzaron la renuncia del doctor De
la Rúa). Además, se quedó rápidamente sin
vicepresidente porque el doctor Alejandro Gómez, que lo había
acompañado en la fórmula electa en 1958 (ganadora con más
del 50 por ciento de los votos) renunció por profundas desavenencias
con el Primer Mandatario (igualito al caso de Chacho Alvarez, pero en
de vez llamarse De Santibáñez, el amigo del Presidente y
su mano derecha era Rogelio Frigerio).
De allí que en 1962, cuando las FFAA exigieron la renuncia de Frondizi,
Guido se apuró a jurar ante la Corte Suprema como el nuevo presidente,
a partir del estado de acefalía y antes de que asumiera una Junta
Militar. Lo interesante del caso es que este senador por Río Negro,
devenido a titular del Ejecutivo, contaba con la simpatía de ciertos
sectores influyentes de la opinión pública (de la intelligenzia)
y del establishment económico, entre quienes se encontraban Rodolfo
Martínez, Oscar Puigrós y ... Mariano Grondona.
Lamentablemente, desde el punto de vista económico, esos pocos
meses de la presidencia de Guido bastaron para desbastar la crítica
situación económica, amenazada por el FMI que exigía
el pago del crédito stand by contraído por Frondizi y de
los disturbios sociales provocados por la pérdida de la capacidad
de compra de la población. Guido empezó su gestión
de transición davaluando fuertemente la moneda (con el ministro
Federico Pinedo) y luego apeló a soluciones liberales, con Alvaro
Alsogaray y su frase "...hay que pasar el invierno...".
Las similitudes asustan un poco. La sensación de que "...
hay que pasar el verano..." son tan desconcertantes como el futuro.
Sólo cabe conservar la mente lúcida y la calma necesaria
para hallar caminos de crecimiento, atendiendo las urgencias de los más
desamparados y exigiendo a los dirigentes actitudes. (AIBA)
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