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Fueron
tres días históricos, caóticos, inolvidables y distintos entre sí. El
miércoles Luján rompió su supuesta calma de pueblo y fueron saqueados
decenas de comercios mayoristas, minoristas, grandes y chicos. El jueves
fue la jornada de la tensión y los rumores, pero la violencia no retornó
a las calles. Ayudó el hecho de que el miedo generalizado paralizó absolutamente
todas las actividades comerciales. Ayer, en cambio, el ánimo apuntó a
retomar la normalidad y casi todos los negocios reabrieron sus puertas.
El supermercado Norte, primer blanco de la barbarie y la desesperación,
recién ayer a la tarde habilitó una sola puerta para el ingreso de compradores.
La seguridad se la daban oficiales de Gendarmería Nacional. Dia%, en cambio,
hasta ayer no pudo reabrir su local. El autoservicio Luján de Humberto
y Lavalle ofreció sus productos a la gente, mientras un grupo de albañiles
reforzaba las paredes, por las dudas.

Fueron tres días históricos, caóticos, inolvidables
y distintos entre sí. El miércoles Luján rompió su supuesta calma de pueblo
y fueron saqueados decenas de comercios mayoristas, minoristas, grandes
y chicos. El jueves fue la jornada de la tensión y los rumores, pero la
violencia no retornó a las calles. Ayudó el hecho de que el miedo generalizado
paralizó absolutamente todas las actividades comerciales. Ayer, en cambio,
el ánimo apuntó a retomar la normalidad y casi todos los negocios reabrieron
sus puertas.
El supermercado Norte, primer blanco de la barbarie y la desesperación,
recién ayer a la tarde habilitó una sola puerta para el ingreso de compradores.
La seguridad se la daban oficiales de Gendarmería Nacional. Dia%, en cambio,
hasta ayer no pudo reabrir su local. El autoservicio Luján de Humberto
y Lavalle ofreció sus productos a la gente, mientras un grupo de albañiles
reforzaba las paredes, por las dudas.
En el centro de Luján el cambio de imagen entre el miércoles y ayer fue
evidente. El día de la locura, gran cantidad de comercios sufrió el descontrol
en sus vidrieras. El jueves no abrió ningún local del centro y la medida
temerosa se extendió a los barrios. Mientras tanto, los propietarios pedían
seguridad para no perder las ventas de las fiestas, pero nadie se animaba
a dar ninguna garantía.
Hubo comerciantes que en la mañana de ese día trataron de retomar las
actividades, pero consejos policiales y rumores falsos los obligaron a
bajar las persianas. Durante toda la jornada se habló de presuntos grupos
de saqueadores que arribarían a Luján por la ruta 192; por el Acceso Oeste
o que directamente se armaban en barrios carenciados.
A primera hora, los rumores indicaban que la ira de la gente desembocaría
en la Municipalidad, que fue desalojada como medida de prevención. Eran
tantas las versiones que hasta se inventaron horarios exactos de arribo
a los blancos elegidos.
Ayer, los comerciantes estaban intentando volver a la normalidad. Hubo
quienes se animaron a despejar sus vidrieras de los papeles de diario
que pusieron para ocultar la mercadería. Otros, reemplazaron sus vidrios
destrozados y acomodaron sus vidrieras.
¿TODO ORGANIZADO?
Las tres últimas jornadas dejaron en la calle tanta información como situaciones
extrañas. Cuando todavía un pequeño grupo de manifestantes no había ingresado
al local de Norte, dos funcionarios municipales erraban el diagnóstico.
El director de Tránsito, Héctor Navarro, aseguraba que en el partido de
Luján "estaba todo controlado". Y Federico Rodríguez, director de Desarrollo
Social, en lugar de correr a su despacho a organizar una ayuda de emergencia,
se dedicó a pasear en su bicicleta por los sitios de conflicto y "chusmeaba"
como un vecino más. "Había rumores de que había algo armado en Los Gallitos",
dijo en la esquina de Sarmiento y Carlos Pellegrini. Horas más tarde,
a metros del local del autoservicio Luján de Humberto y Lavalle opinó
con ligereza: "¡Qué alegría lo que está pasando!", manifestó ante EL CIVISMO.
Ambos demostraron total desconocimiento de lo que se gestaba. Y Rodríguez
confirmó que desconoce su responsabilidad como funcionario.
La locura de estos tres días arrojó saldos políticos, policiales y sociales.
El intendente apareció tarde (recién el jueves a la noche dio la cara),
pero tomó medidas que en el corto plazo pueden ayudar a paliar una situación
de desesperación que era insostenible. El presidente de la Asociación
de Despedidos de Luján, Luis Zemborain, le dijo a este medio: "Esto se
sabía que iba a pasar. La gente está desesperada y no se le daban respuestas.
Yo había presentado una nota a Norte pidiendo 200 bolsas de comida y me
dijeron que había que esperar unos días. Se vienen las fiestas y esto
no se aguantaba más".
Ahora la ayuda estará centrada en la Municipalidad, con mesas de trabajo
conjunto en cada barrio. Formalmente, la organización se llamó "Unidad
de Emergencia Social".
Y como si lo ocurrido hubiese sido poco, el intendente aseguró que detrás
de los saqueos hubo organización y apoyo tecnológico (handies, teléfonos
celulares) y logístico.
Funcionarios del gobierno municipal culparon directamente a un comunicador
radial que fue candidato a concejal. Lo cierto es que en los alrededores
de los saqueos y también el jueves a la tarde se observaron autos con
gente que se comunicaba a través de "handies", camiones vacíos que merodeaban
esperando la ocasión y cientos de personas que recorrieron kilómetros
por la ciudad, en bicicleta, con bolsas y muchos de ellos armados.
Un saqueador hasta adelantó informalmente a este medio un plan de acción
que terminó cumpliéndose al pie de la letra. "La idea es arrasar primero
con Norte, concentrar la policía en ese lugar y entonces seguir con Disco
y después con Dia%. Por último, el desborde de la gente se encarga del
resto".
En el plano policial, fueron 100 los detenidos, 40 de ellos en el marco
del Estado de Sitio y 60 acusados de robo en banda y en poblado. El miércoles
la fuerza policial estuvo saturada en su capacidad operativa, tal vez
por esa organización de la que habló Prince. Cuando la policía llegaba
a un lugar, el malón ya había pasado; esto fue una constante.
Con las aguas calmas y el gobierno nacional en franca retirada, el jefe
comunal dijo que en estos días las calles locales tendrán refuerzo de
la Policía Bonaerense (junto a agentes de su Cuerpo de Infantería), "efectivos
de civil haciendo inteligencia" y personal de Gendarmería Nacional. Esto
lo dijo el jueves, cuando sólo algún banco y escasos servicios de transporte
trabajaron casi con normalidad.
El análisis social de lo sucedido es mucho más complejo. Hubo decenas
de personas que robaron por necesidad. Estaban seguras de que sin una
medida como la adoptada el miércoles la mesa de Navidad estaría vacía.
A ellos se le sumaron algunos carenciados que no resistieron la tentación
y arrasaron con todo. Pero también hubo oportunistas de clase media que
ya están en boca de toda la ciudad: el conocido verdulero, el gitano sin
escrúpulos, la empleada doméstica con buen sueldo, el hijo del médico,
el hermano del dueño de un autoservicio, hinchas de Luján, un joven con
celular y moto de 2.500 pesos, dirigentes políticos de las mas variadas
ideologías, el chatarrero de la Ford nueva, los clientes de siempre, etc.
etc. Ninguno robó para comer.
También integran ese tejido social golpeado los cientos de propietarios
o empleados de comercio que ayer regresaron a sus tareas y tratan de salvar
algún número con las ventas de fin de año. Si esto no sucede, en el próximo
saqueo se sumarán cientos de flamantes despedidos del área comercial.
dia
20
el
saqueo de Norte
saqueos
a comercios
consecuencias
y conferencia
El
Debate (Dic. / 29)
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