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LA
OTRA FUGA DE CEREBROS: AL PAIS LE COSTO UNOS 25.000 DOLARES FORMARLOS
Ahora
los ejecutivos también se van junto a empresas que emigran
Las
empresas que abandonan la Argentina se llevan con ellas a la "crema"
de su gerencia. Otras que se ajustan en el país trasladan a sus
ejecutivos. En Chile, casi todas las multinacionales tienen algún
talento argentino.
Sus historias suelen estar vinculadas a cuestiones de ventas, marketing
o recursos humanos, de modo que no despiertan la misma simpatía
que la de un artista o un científico. Pero la formación
profesional de cada uno de ellos le costó al país 25.000
dólares promedio (el costo mínimo de seis años de
Universidad, hasta el año pasado).
Después,
están las inversiones que hicieron de su propio bolsillo, el de
sus parientes o sus empleadores: posgrados en Estados Unidos, Inglaterra
o España, a un costo mínimo de 20.000 dólares adicionales,
que llegaban a US$ 40.000 si el destino era Harvard, Chicago o la London
School of Economics.
Hoy hay
cientos de estos ejecutivos, cu yos cerebros acumulan miles de dólares
de instrucción pagada desde la Argentina, que ahora se suman a
las filas de los expatriados, o que engruesan los cientos de miles de
pedidos de doble ciudadanía en Italia (300.000 en doce meses, según
fuentes del Consulado) o España.
El principal
destino donde están radicándose los ejecutivos es América
latina y en particular Chile, donde en los últimos 18 meses el
Grupo Integración creció de 100 a más de 150 socios.
Allí se agrupan ejecutivos argentinos (no todos), que dan contención
a los "nuevos" expatriados.
Pero los
nuevos horizontes abarcan Perú, Brasil, México, y también
España y los Estados Unidos. "Las empresas que abandonan la
Argentina se llevan con ellas a la "crema" de su gerencia",
nunca menos de tres y a veces hasta doce personas y los distribuyen en
su casa matriz y el resto del continente", señaló la
consultora Cristina Mejías, quien se especializa en "outplacement",
que consiste en conseguir nuevo trabajo a los ejecutivos que quedan afuera
de las empresas cuando éstas se achican. El caso más reciente
es el del Scotiabank, que en su retirada de la Argentina se llevó
a diez de sus ejecutivos más prominentes.
"Da
la impresión de que la Argentina quebró su contrato psicológico,
primero con sus científicos desde hace más de treinta años,
y ahora con el talento joven que emergió a mediados de los años
90", agregó Alberto Armoni, un "cazador de talentos"
que está al frente de la consultora Ray & Berndtson.
Cruzando
la cordillera
"Todas
las compañías internacionales radicadas en Chile tienen
algún talento argentino. Antes, no había manera de sacar
a un argentino de su país, salvo algún entrenamiento con
pasaje de vuelta en Estados Unidos", dijo.
Hace apenas
ocho años, en una Argentina que crecía al 8% anual, la expansión
(y el acceso barato a créditos que se comenzaban a pagar recién
dos años más tarde) generaba movidas a la inversa: la repatriación
a precio de oro de hombres y mujeres de negocios, como Alberto Sobredo,
gerente general de Gillette en varios países.
Eran tiempos
en que un empresario local como Francisco Macri exigía ejecutivos
con un perfil tan específico que hubo que ir a buscarlos afuera,
como Hernán Rey Willis, ex ejecutivo de Levi Strauss en San Francisco,
California.
En algunos
casos, el recorrido de estos hombres de negocios sintetiza los picos hacia
arriba y hacia abajo que vivió el país en los 90. Sobredo,
por citar un caso, es un ejecutivo argentino que venía desempeñándose
como gerente general para Gillette. Estando en Boston, Massachusetts,
a mediados de los 90 le llegó desde Buenos Aires la oferta para
dirigir Reckitt & Colman. Hizo las valijas y volvió. Estando
en Buenos Aires, Sobredo fue captado por Unilever: hoy está a cargo
de la división de alimentos de Unilever para toda América
latina, cuya sede está en Santiago de Chile.
Allí
también se acaba de radicar Damián Scokin, un alto ejecutivo
de McKinsey, egresado de un posgrado en Harvard. Y podría ser el
próximo destino del responsable argentino de una de las principales
compañías de telefonía móvil del mercado,
según se rumorea en estas horas.
"El
costo de perder estos ejecutivos es altísimo. Así como el
descalabro político está relacionado con los huecos que
dejó la generación que asesinaron, la fuga de talentos de
hoy la vamos a pagar en tres años, cuando el país los necesite
y no haya suficiente materia gris", agregó Mejías.
Pero
si mantienen su nivel laboral, aunque sea en el exterior, podrían
reinsertarse en el país..., añadió este diario.
No
creo. El que se quema con leche, ve una vaca y llora.
Por
Luis Ceriotto, Clarin, septiembre de 2002

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