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Domingo
27 de octubre de 2002 clarin
LOS
EJERCITOS DE LA NOCHE
El
negocio de la basura se cocina de madrugada
Cartoneros
y acopiadores transformaron la informalidad del cirujeo en un negocio
formal. La recolección oficial disminuyo no sólo por el
cartoneo, sino también porque en la crisis se consume menos.
Cada
atardecer, más de 40 mil personas hunden sus manos entre los residuos
de la Ciudad de Buenos Aires buscando saldos y retazos que garanticen
su supervivencia. Traen bolsas, carritos de supermercado y carros con
caballos con neumáticos desde el Gran Buenos Aires y de barrios y villas
miseria de la Ciudad. Así, llevan a sus casas entre el 5 y 15 por ciento
de las 5 mil toneladas diarias producidas por los vecinos porteños: unos
8 mil kilos de papel y cartón y otros elementos reciclables. Una investigación
realizada por el Ente Unico Regulador de Servicios Públicos de la Ciudad
sostiene que esta recolección informal constituye un negocio de unos cien
millones de pesos anuales. Para el antropólogo e investiga dor de la Universidad
de General Sarmiento Francisco Suárez el fenómeno se incrementa diariamente.
Sostiene que, en realidad, involucra a cien mil personas.
El recorrido que siguen los cartones, papeles, botellas de plástico y
de vidrio y todo aquello que tiene vida después del desecho, es un circuito
dinámico con rituales mercantilistas. Los intercambios ocurren en mercados
improvisados, sobre las chapas de una camioneta agujereada o una mesa
de cambalaches suburbanos repletos de objetos y cacharros.
En esta cadena de comercialización paralela surgen actores que intermedian
entre la bolsita del supermercado y las empresas o industrias que reciben
lo mejor de ellas. El cartonero le vende a un acopiador, chatarrero o
mayorista lo que recoge en la calle, y éste a su vez lo conduce a las
puertas de las empresas que requieren los desechos recuperados, básicamente
industrias metalúrgicas, embotelladoras y textiles. Allí se cierra el
círculo de una economía que nace formal en el consumo cotidiano, se informaliza
en el reciclado y se vuelve a formalizar en la industria.
Según la investigación de Suárez, la recuperación de chatarra en los distritos
de Malvinas Argentinas y José C. Paz, zona noroeste del Gran Buenos Aires
oscila entre mil y dos mil toneladas mensuales, lo que equivale a un 20
por ciento de los desechos arrojados a la calle. El mercado informal va
a la saga de los requerimientos de las empresas que necesitan la materia
para reciclar y que imponen los precios de compra-venta. Así, por ejemplo,
el plástico tiene un precio de venta inicial de treinta centavos el kilo
y es vendido por el acopiador a setenta centavos en la puerta de una embotelladora.
Por un kilo de aluminio el cartonero recibe $1,8 y la metalúgica le paga
$3,2 al chatarrero. También las empresas imponen criterios que modifican
el trabajo de los cartoneros. El horno de Siderca, fábrica de tubos de
acero sin costura, tiene 70 centímetros de diámetro y condiciona el precio
a pagar: si el hierro es mayor a esa medida no pasa por la boca y el cartonero
o el acopiador deberán reducirlo para cumplir con ese requisito e invertir
más tiempo y dinero.
Repartición de zonas
El recorrido que realizan los cartoneros para buscar material en buen
estado adoptó naturalmente, y en función de sus orígenes y utilidad, un
organigrama que divide la Ciudad de acuerdo con el medio de transporte
utilizado. Muchos llegan a pie, con sus carritos o con bicicletas que
arrastran improvisados acoplados. Otros viajan en trenes especialmente
acondicionados para el transporte de sus recolecciones y pagan un abono
mensual de $18,50 por el viaje de ida y vuelta. Los que vienen en camión
o camioneta pagan $2 el traslado diario. Aquí aparecen variantes ya que
en algunos casos los cartoneros trabajan para el dueño del camión, que
suele ser un chatarrero, o también puede ocurrir que a él le vendan lo
recogido. Para Suárez, no hay intención de lucrar con el cobro del viaje
sino para pagar el combustible y el mantenimiento del camión.
Una de las zonas más requeridas para la recolección es la del Microcentro
porteño debido a las enormes bolsas de papel y cartón salidas de las oficinas.
Allí llegan recolectores desde la Villa 31 de Capital, la zona Oeste del
Conurbano y la zona Sur. La línea del tren San Martín, que dispone de
vagones especiales para los carros de cartoneros, traslada diariamente
a unas 300 personas que buscan material para reciclar. Otro contingente
arriba desde Lanús y Lomas de Zamora en camiones y recorre también Barrio
Norte.
A los barrios de Flores, Caballito, Almagro y Once llegan unos 200 cartoneros
con el tren de la línea Sarmiento y también desde Ciudad Oculta y la villa
1-11-14 del Bajo Flores. El barrio de Once es requerido por sus papeles
y telas que quedan en las veredas de los negocios textiles. Y la zona
de Palermo, Belgrano y Núñez es "barrida" por unas 600 personas que diariamente
llegan con el "Tren blanco" de la línea Mitre desde José León Suárez en
busca de restos y también de comida.
Los cartoneros se convirtieron rápidamente en competidores de las empresas
recolectoras de residuos y desde algunos sectores se asegura que provocan
pérdidas al Estado y a las empresas privadas que recolectan la basura.
Para Mauricio Macri, integrante de SOCMA (Sociedad Macri) dueño de la
empresa Manliba que recolectaba residuos durante los ochenta y noventa,
"el problema no es si (las empresas recolectoras) pierden o ganan. El
problema es que el Estado gasta igual mucho dinero y no resuelve el problema".
Respecto de la situación legal de los cartoneros dice: "Quienes hoy realizan
esta tarea no tienen ninguna actividad delictiva. En todo caso, quienes
están fuera de la ley son los que los explotan a costa de una tarea insalubre,
mal paga y evadiendo impuestos."
Desde Cliba, una de las actuales empresas recolectoras de residuos de
la Ciudad de Buenos Aires se asegura que "el tonelaje recolectado ha sufrido
en los últimos meses una merma considerable". Gabriela Ananías, gerente
de Relaciones Institucionales dice que "esta tendencia se inició hacia
finales del año 2001 y se agudizó en diciembre. Los datos acumulados al
mes de septiembre de 2002, en relación con igual período de 2001, nos
indican una caída de tonelaje del 23,7 por ciento". Este descenso no se
debe solamente a la actividad del cirujeo sino, y principalmente, a la
crisis que provocó una baja en el consumo y lógicamente un descenso en
la generación de residuos y en la calidad de la vida misma de todos los
argentinos.
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