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GOLPE
AL BOLSILLO: CLAUDIA COSTAGUTA, DIRECTORA DE ADELCO
La
suba de precios es el tributo más injusto para la gente
En una economía que registra la mayor tasa de desempleo de su
historia, los ingresos familiares disminuyeron y también las perspectivas
de reinsertarse laboralmente en el corto plazo. Por eso, el monto destinado
a impuestos es creciente e implica no sólo menores posibilidades de ahorro,
sino también, restricciones en el consumo".
Con esta síntesis, la economista y actual directora de Adelco, Claudia
Costaguta, explicó, en una entrevista, cómo impacta en el bolsillo
de los consumidores, el proceso inflacionario.
"Se trata de un impuesto del que ningún consumidor está exento, que tiene
que ver con la pérdida del valor de su dinero", continuó la economista.
"Algo que las familias tratamos de contener de cualquier manera. Por ejemplo,
disminuyendo los gastos en épocas de alta inflación; a través de la compra
de bienes después de cobrar el sueldo; comprando con tarjeta de crédito
para postergar el momento de pago o adquiriendo moneda extranjera. También,
como en otros momentos, haciendo depósitos en el banco".
—¿Cómo afecta el impuesto inflacionario a los distintos sectores
socioeconómicos?
—Los sectores de menores recursos son los más perjudicados. Sólo
pueden disminuir la pérdida, comprando inmediatamente bienes, ya que no
tienen acceso a fuentes alternativas de financiamiento ni medios de ahorro
para mantener el valor real de su salario. Por eso se trata de un impuesto
regresivo porque el consumo como porcentaje del ingreso tiende a disminuir,
a medida que se asciende en la escala de ingresos.
Dentro de la canasta de consumo, los alimentos representan el 34% del
gasto, con una variación significativa para los distintos niveles
de ingreso. En el caso del 20% de la gente con menores ingresos, este
porcentaje es del 50,4%; mientras que para el 20% de la población con
mayores ingresos es de sólo el 25,6%.
—¿Cómo es la estructura tributaria en otros países?
—En los países con mayor nivel de desarrollo, la estructura tributaria
se basa en el Impuesto a las Ganancias, que por tener en cuenta la capacidad
de pago de la gente, es progresivo y más equitativo... Acá, el actual
esquema no contempla la capacidad de pago del contribuyente.
—¿Cómo impactan los impuestos en las tarifas de los servicios
públicos?
—Si analizamos las facturas de los servicios, en las diferentes
regiones del país, se ve que la carga impositiva (incluyendo el IVA) abarca
un espectro que va del 30 a más del 50% del costo total que paga el usuario.
En este caso, cuanto mayor sea el gasto en servicios, también es mayor
la recaudación por parte del Estado.
—¿Qué medidas podrían aplicarse para atenuar el impacto entre
los consumidores?
—Por un lado, la eliminación de las exenciones impositivas en general.
Y de las del Impuesto a la Ganancias, en particular. Esto permitiría una
disminución en la evasión y además se podría disminuir la alícuota del
IVA.
Altibajos
La actividad industrial cayó un 8,2% en agosto respecto de igual
mes del 2001, según el índice elaborado por la UADE. Pero
desde mediados del segundo trimestre se redujo la velocidad de la caída.
Ya
son cuatro años de continuo retroceso
Con la
caída en el segundo trimestre de este año, la recesión
completó su cuarto año, un lapso en que la actividad económica
se redujo casi un 20%. Esto ubica a este período como el de la
mayor crisis de la historia argentina.
Como además
hubo una fuerte desvalorización del peso, un fuerte impacto inflacionario,
un incremento del desempleo y salarios congelados, también es récord
la pérdida del poder adquisitivo de la población. Pero,
por si fuera poco, hay una elevada hipoteca que es la pesada carga de
la deuda.
La Argentina
tiene hoy una economía que, en términos reales, retrocedió
9 años, pero con una población que aumentó casi un
20%. Por eso, por habitante, el PBI se asemeja al de 1990. Pero el factor
más dinámico la inversión retrocedió
a los niveles de fines de la década pasada. En cambio, la deuda
pública creció, en dólares, un 100%, sin que hoy
exista el respaldo de las empresas públicas. También el
sector privado está fuertemente endeudado.
Así,
tras un poco más de 10 años, la Argentina volvió
al punto de partida de fines de los 80, que, a su vez, fueron considerados
los años de una "década perdida".
Aun así,
aunque algunas actividades detuvieron su caída o muestran un tenue
repunte, la economía no alcanzó un punto de equilibrio.
El consumo
sigue deprimido, no hay proyectos de inversión, aún no se
resolvió la crisis del sistema financiero, tampoco las desavenencias
con los organismos financieros internacionales ni se abrieron las negociaciones
con los acreedores del exterior. Y las heridas y desequilibrios sociales
que marcaron este desplome pobreza, indigencia, desocupación
siguen siendo una realidad cotidiana.
Por el
peso de la deuda, la Argentina tiene que separar en forma creciente recursos
del Presupuesto para cumplir con los intereses que se contrajeron para
los próximos años. Para el 2003 está previsto que
esa carga insuma unos 15.000 millones de pesos, el 23,2% de los gastos
corrientes. Eso restringe la capacidad del Estado para estimular la inversión
y la demanda pública. Aun así quedarían atrasos en
26.925 millones de dólares, más que el Presupuesto de un
año, una cifra que sería imposible de pagar.
Construcción,
la actividad más golpeada
La caída
generalizada en los niveles de actividad que dio a conocer ayer el INDEC
es la cara visible de la crisis que golpea, a diario, a los distintos
sectores de la economía.
Uno de
los rubros más golpeados, según los datos oficiales, es
la construcción. En este caso, un síntoma de la caída
en la demanda se hizo evidente en un relevamiento hecho en agosto por
la firma Tasaciones Argentinas. Sobre 58 emprendimientos nuevos de la
Capital Federal, ese estudio indicó que existen todavía
en oferta algunos edificios cuyas obras empezaron a fines del 98
y principios del 99. Además, según el mismo sondeo no existe
ninguna obra nueva comenzada después de noviembre de 2001. Incluso
en la zona de Puerto Madero, muchos emprendimientos quedaron parados,
como las torres Twin Park y la segunda torre de El Faro.
En condiciones
también depresivas, las compras de los productos de consumo masivo
se desplomaron al compás de la suba de precios y la pérdida
del poder adquisitivo de los consumidores.
Los supermercados
y shoppings siguieron con las ventas en picada durante julio, con un retroceso
que en los dos casos se ubicó en torno al 27% respecto del mismo
mes del año anterior.
Los cigarrillos,
por caso, no escaparon a las caídas generales del consumo. La actividad
tabacalera cayó un 4,6% en el primer trimestre del año.
En Nobleza Piccardo, las ventas de setiembre respecto del mismo mes del
año pasado arrojaron una caída del 5% promedio.
Natalia Muscatelli, Clarin, 22 de septiembre
de 2002
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