El
escultor
La
Sima de los Pastores
La
pisada del diablo
La cueva de la Mora
Pablo
Santos
El
Cancho de los Muertos
La
Pastora
Los
dos amigos
El
Convento de Casarás
El
Puente del Perdón
La
Peña de la Mora
El
Carro del Diablo
Parece
ser que hay tres zonas que han sido más propensas a la creación
de estas historias y relatos de origen popular; el Monasterio del Escorial,
La Pedriza y el valle del Lozoya...el primer escenario debido quizás
a su azarosa y laboriosa construcción. La segunda por la cantidad
de formaciones, oquedades, caprichosas y mágicas formas que disparaban
la imaginación de los antiguos pobladores de la zona, además
de que fue escondite para bandoleros durante una época. La tercera
quizás por lo tupido y recóndito de sus bosques y pinares.
El escultor:
El maestro escultor J. Bautista Monegro esculpió en piedra
berroqueña las figuras de los seis reyes de Judea y de san Lorenzo,
sitos todos ellos en la fachada central del patio de los Reyes del monasterio,
pues bién...según la tradición popular se dice que
la materia prima para toda esta obra salió de una única y
tamaña piedra, para colofón en un prado próximo a Peralejo
existe un canto con la inscripción:
Seis
reyes y un santo
salieron de este canto
y quedó para otro tanto
La
Sima de los Pastores:
Existe la creencia de que en los montes cercanos al Escorial
existe un tesoro oculto, de ser esto cierto por lo concurrido y transitado
de esta zona lo más posible es que el que lo haya encontrado ya esté
disfrutándolo (o lo haya disfrutado) como banquero corrupto huido
en alguna isla tropical.
Esta leyenda tiene origen también en el monasterio del Escorial,
parece ser que un tal Rafael Corraliza empleado de la pagaduría de
las obras del monasterio sintióse tentado por el continuo tintineo
de doblones a diestro y siniestro delante suyo y decidió hacerse
con un botín de estos y sujetándoselos al cinto escapóse
como alma que lleva el diablo camino de Portugal por la ruta que pensó
menos vigilada tomando la vereda que conducía a la próxima
aldea de Robledondo. Como era ya de anochecida al llegar a la zona conocida
como Sima de los Pastores se hundió en ella dando con sus huesos
en el fondo tragando vida y doblones, no se sabe con certeza pero parece
ser y quiere creer la gente que el mismo santo intercedió en la aventura
del desafortunado pagador.
Con el paso del tiempo esta sima fue tapada con ramas y piedras por temor
a que el ganado o cualquier desdichado sufriese la misma suerte del tal
Corraliza, aunque aún sigue ahí la sima para visita del que
se precie a rememorar significante historia.
La
pisada del diablo:
También en las proximidades del monasterio del Escorial
y aproximadamente a un kilómetro de la "Silla de Felipe II"
(que tan acertadamente escogió para supervisar las obras del monasterio
y que gustaba de ver a falta de televisión en la época) se
halla un canto de granito en el que parece incrustada la enorme huella de
un talón izquierdo, es la "llamada Pisada del diablo".
Una ermitaña del lugar llamada Martiña se encontró
un día con la visita de un humilde peregrino que resultaba ser el
mismísimo diablo disfrazado, éste intentó tentarla
y seducirla ofreciéndola poder y felicidad a cambio de que olvidase
la enorme devoción que sentía por la Virgen. Martiña
se negó en rotundo, y así cada vez de las numerosas veces
que se lo ofreció el diablo...ante la negativa de la ermitaña
el diablo sintióse frustrado y en medio de una gran explosión
(que dejó grabada la huella del pie en la roca) se lanzó al
vacío.
La cueva de la Mora:
El relato de a continuación tiene su escenario ya en La
Pedriza y tiene cierto tufillo a historias que se repiten a lo largo de
la geografía española debido quizás a la larga ocupación
musulmana.
"La Cueva de la Mora" (de difícil acceso) se halla cerca
del refugio Giner, concretamente enfrente de su fachada principal y al Este
de la Peña Sirio.
Parece ser que la hija de un rico árabe quedóse prendada de
un joven cristiano. Ante esta situación fue secuestrada y retenida
por sus familiares musulmanes en el interior de esta cueva. Pasaron los
años y el caballero cristiano no regresó jamas a pesar de
la ansiada espera por parte de la joven, por lo cual según las creencias
de la gente de cuando en cuando el alma de la despechada joven se desliza
vagando entre las formaciones rocosas y canchales tratando de buscar a su
amor perdido...
Pablo
Santos:
En determinada época La Pedriza fue lugar ideal para el
refugio de bandidos, salteadores y bandoleros que aprovechando los escondrijos
y lugares inaccesibles que presenta esta sierra estableciendo aquí
sus cuarteles y cubiles.
De entre ellos Pablo Santos destacable de entre los bandoleros de su tiempo
parece ser que tenía su morada cerca del Cancho Centeno.
Según las gentes, poco después de raptar la banda del Isidro
al hijo único de doña Braulia del Valle, y devuelto bajo pago
de elevado rescate, robaron los bandidos a un pastor su magnífica
escopeta de caza y algún objeto de valor que llevaba encima. Asimismo
le expoliaron un excelente gabán que acababa de estrenar, con el
que se guarecía de los fríos y lluvias de la sierra. Esta
prenda produjo algunas discusiones en el seno de la banda, y uno de sus
componentes apodado "Isidro el de Torrelodones", arrebató
la prenda en cuestión y "solucionó" la contienda
revolviéndose y matando de un trabucazo al tal Pablo Santos, que
cayó muerto al pie de la cerca de los huertos, cuyas ruinas existen
hoy al pie de la Sierra de los Porrones, cercano al Cancho del Horno.
El
Cancho de los Muertos:
Esta formación rocosa debe su tétrico nombre a
otra historia de bandoleros. Una banda de salteadores secuestró a
una joven señorita de rica y apoderada familia de Madrid. El jefe
de este "grupejo" se ausenta temporalmente y los otros dos bandidos
deciden aprovecharse de la joven, pero regresa inesperadamente y les sorprende,
tras lo cual les juzga rápidamente y despeña al primero por
este cancho más al intentar precipitar al segundo éste sujeta
la pierna del cabecilla por lo que los dos caen al vacío, así
acaban los tres despeñados a los pies del cancho rocoso.
Según las gentes del lugar durante un tiempo se pudieron ver los
cadáveres de los tres bandidos en una grieta de este lugar...


El Cancho de Los Muertos en La Pedriza de Manzanares
Nos
trasladamos de lugar para dar a parar a la Laguna grande de Peñalara,
este tipo de lagunas apartadas y/o rodeadas de paisaje con encanto también
son propicias para el desarrollo de leyendas y relatos, otros claros ejemplos
son la conocida Laguna Negra en los Picos de Urbión y la Laguna Esmeralda
cerca del Pico Veleta entre otras.
De entre todas las leyendas que rondan por esta Laguna de origen Glaciar
citaré dos:
La
Pastora:
Cada noche de difuntos a la fría luz de la luna, emerge del centro
de la laguna un islote y en ella la figura de una pastora. Esta pastora
parece ser que trató de salvar un cordero extraviado entre las rocas
confundiendo sus balidos con extraños y broncos ruidos que parecían
surgir de las profundas y oscuras aguas...

Los
dos amigos:
Parece ser que dos amigos intrigados por el halo de misterio que rodea a
la laguna subieron a la misma con el ánimo de cruzarla a nado de
noche, a la luz de la luna. Uno de ellos la cruzó a nado sin problemas,
manteniendo un libro entre los dientes. Cuando alcanzó la orilla
opuesta animó a su amigo a imitarle y éste lo hizo. Mientras
el segundo de los viajeros iba nadando, el primero iba leyendo el libro
en voz alta. Pero, al alcanzar aquel el centro del pequeño lago,
éste cerró repentinamente el libro y las aguas se tragaron
en el acto al nadador, que nunca más ha reaparecido.
El
Convento de Casarás:
Esta construcción ruinosa al lado de la calzada romana
que pasa por el puerto de la Fuenfría se encuentra ya en la provincia
de Segovia pero me permito meterlo en el apartado de leyendas de Madrid
por que se encuentra en la sierra de Guadarrama que comparten las dos provincias.
La leyenda parte de la figura de un caballero templario (a pesar de que
la construcción parece ser más moderna que la desaparición
de la orden) llamado Hugo de Marignac que al parecer conocía el lugar
secreto donde se hallaba un tesoro perteneciente a la orden del Temple.
Hugo de Marignac debido quizás al trastorno por su soledad en el
monasterio o por su condición de tesorero miserable quedóse
prendido por una joven condesa dama de la reina Castilla que temporalmente
residía en el palacio de Valsaín. Para desgracia del caballero
este no es correspondido y busca los servicios de un monje o hechicero nigromante
que ejercía sus servicios a los pies de Peñalara, los dos
parlamentaron y el templario acordó revelarle el lugar del tesoro
a cambio de ganarse el amor de la condesa, el hechicero preparó un
extraño rito en el que el caballero debía atravesar con su
espada el costado de una imaginaria figura de la dama...entonces el mago
le exigió que cumpliese su parte del trato que Hugo denegó,
el hechicero entre risas y carcajadas le desveló que en realidad
había ajado realmente el corazón a la condesa...para cuando
hubo de terminar estas palabras acabo de igual manera su vida en el mandoble
del Templario...
Y desde entonces no se supo nada más de Hugo de Marignac a excepción
de algunos relatos de los viejos hacheros de Valsaín que comentan
convencidos haber visto su fantasma rondando por los pinares guardando celoso
el tesoro escondido...

Ruinas de Casarás
El
Puente del Perdón:
Para relatar la procedencia del nombre de este bello puente sobre
el río Lozoya enfrente del monasterio del Paular hay que contar primero
otra historia; la de los "quiñoneros", que también
nos vendrá bien para el próximo relato.
En el sigo XIV el valle de Lozoya pertenecía al Concejo de Segovia,
debido a la fragosidad de su vegetación y de sus pinares además
de su difícil acceso era terreno idóneo para grupos subversivos
de moriscos, malhechores y maleantes que hacían sus pillerías
por estas tierras. Ante esta incontrolable situación los Reyes decidieron
agilizar la administración de la justicia delegando parte de sus
poderes, así de esta guisa en las villas que crecieron después
de la reconquista nacieron unos milicianos llamados "quiñoneros".
Estos quiñoneros podían juzgar y administrar justicia en este
territorio inmediatamente, e incluso la pena máxima, sin necesidad
de consultar con la corte...
Las ejecuciones se cumplían en una casa denominada "casa de
la Horca" a cinco kilómetros aproximadamente del Paular, entonces
es cuando entra en juego el citado puente... antes de partir para la casa
de la Horca se les revisaba la sentencia a los reos a los que algunos se
perdonaba pero sin que estos lo supieran todavía. Se continuaba el
camino y cuando llegaban al puente, a los que se les había perdonado
se les dejaba sueltos, y cruzaban el río en libertad, de esta benevolencia
le viene el bello nombre al no menos hermoso puente.
La
Peña de la Mora:
Otra de "quiñoneros"y también en las
proximidades del Paular...
Un quiñonero de Rascafría en sus labores de vigilancia descubrió
un día a una bella mora procediendo a su aseo corporal en una poza
natural en lo alto de un peñón calizo, esta joven se mantenía
oculta al igual que sus compañeros moriscos en estos parajes tras
la reconquista cristiana.
Así acudió día tras día a observar a la hermosa
muchacha, hasta que al parecer la cosa llegó a mayores y paños
menores...posteriormente la pareja mantuvo prolongados idilios en una pequeña
cueva situada al pie de la peña.
Los días transcurrieron de esta manera hasta que un día los
compañeros moriscos de la joven se la llevaron y desapareció
para siempre para el desde entonces desconsolado quiñonero...

El
Carro del Diablo:
Este relato en cambio tiene parecido para el que la conozca con
la leyenda de la construcción del acueducto de Segovia.
La leyenda transcurre durante la construcción en el siglo XIV de
las torres de la primera catedral de Segovia, tarea que se encomendó
a Juan Guas, este se comprometió a terminarlas en un tiempo determinado.
El tiempo pasaba y llegaba la fecha límite, más las torres
no alcanzaban la altura deseada, la desesperación del arquitecto
llego al punto que en el último momento decidió acordar un
pacto con el diablo; Juan Guas le vendería el alma si este le ayudaba
a terminar el proyecto antes de cumplirse el plazo...
Por obra de este en mal día acordado convenio las obras se agilizaron
sobremanera hasta casi culminarse, pero en el momento que quedaba solo un
carro de piedras para el acabado de una de las torres el arquitecto olvidó
el pacto, entonces el diablo en venganza desvió este ultimo carro
al otro lado de la sierra quedando este petrificado, y desde aquel tiempo
conocidas como "El Carro del Diablo".
Estas peñas con su curiosa forma se pueden encontrar en el camino
mas usado desde el pueblo de Rascafría (1.163 m) al Puerto del Reventón
(2040 m).
¿Conoces alguna leyenda más de las sierras y montes de Madrid?, ¿quieres compartirla?, envíamela y gustoso la colocaré junto con tu nombre si así lo deseas...