BASES DEL PROYECTO O.H.U.
DE LA AUSENCIA AL
LOGRO DE UN PROYECTO DE HUMANIDAD UNIFICADA
I
EL PERFECCIONAMIENTO
HUMANO EN UN MUNDO IMPERFECTO
ADVERSIDADES Y PROBLEMAS
No-interferencia cultural
Después de siglos de exterminio, esclavización e invasión
imperialista, los que formamos parte de la civilización urbana,
observamos a pueblos primitivos como los del África, América
u Oceanía, pensando en tratar de no contaminarles su cultura, dejándolos
permanecer en su milenario estado. En momentos en que astrónomos,
ingenieros y diversos científicos trabajan en hipótesis y
proyectos de nuevas tecnologías para viajes espaciales a velocidades
hiperlumínicas, ya hay quienes se están preguntando qué
actitud tendrían nuestros astronautas, si llegaran a mundos habitados
por gente menos avanzada que nosotros. Si interferir en el desarrollo cultural
que tengan, enseñándoles cosas, modernizándolos, o
si dejarlos seguir su curso sin meterse en el proceso que llevaran.
Algo parecido a esto, es lo que se plantea cuando se habla de la posibilidad
de que seres extraterrestres estén siguiendo -y desde cerca- el
desarrollo de los acontecimientos nuestros sin intervenir. Aunque, en contradicción
con ello, se plantea la posibilidad de que hubo injerencia extraterrestre
en la antigüedad, cuando fueron hechas construcciones imposibles para
pueblos sin la tecnología necesaria. El hecho de haber sido halladas
evidencias de tecnología superior a la actual en obras de la antigüedad,
ha llevado a reformular conceptos arqueológicos y a considerar como
posible lo que la tradición científica se venía negando
a admitir. De ser esto cierto, podría pensarse en una tentativa
de ayuda extraterrestre en el pasado, y que luego la humanidad fue dejada
a su suerte, vigilada pero no interferida. Tal vez nuestros astronautas
procedan de modo semejante en caso de ser ellos los "civilizadores" de
habitantes primitivos de otras esferas. Algo que, llegado el caso, les
tocará decidir a las autoridades mundiales correspondientes.
Por ahora, podemos seguir practicando conceptos de "no intervención
interferente" respetando a los seres incivilizados de nuestro propio mundo.
Así como respetando a las plantas, animales, aguas, tierras y la
atmósfera, procurando revertir el proceso de destrucción
de la naturaleza que hemos venido impulsando. Mientras anhelamos poner
fin a las guerras, a la pobreza, a enfermedades, a conflictos étnicos,
religiosos y demás cosas que nos mantienen bastante lejos de un
ideal de mundo.
Mundo ideal
Cuando se le pregunta a la gente cómo concibe que debe ser un mundo
ideal, las respuestas que pueden obtenerse sugieren que no estamos precisamente
en él: pese a las maravillas que posee y a todo lo que nos ofrece,
este mundo no le parece del todo satisfactorio a nadie. Diversas formas
de imperfección definen a este planeta como distante y distinto
de lo que puede entenderse como un mundo feliz, normal, el paraíso
que suele imaginarse que existe en "el Cielo", o alguna dimensión
o lugar del cosmos. Incluso, ante la idea de que sin una humanidad tan
imperfecta como la nuestra, el mundo funcionaría bien, siguen habiendo
imperfecciones observables con sólo imaginar al mundo sin humanos,
sólo poblado por las otras especies vivientes: ellas estarían,
como lo estuvieron antes de la existencia del hombre, en constante lucha
por la supervivencia, bajo riesgo de muerte por enfermedades, accidentes,
sed, hambre o terminando como alimento de otras especies. Para muchos,
la idea de "mundo ideal" no admite la existencia del sufrimiento, no sólo
humano, sino tampoco para especie viviente alguna. Un mundo sin carnívoros,
sin estructuras biológicas que puedan enfermar, dañarse,
mutilarse sin capacidad regenerativa. Un mundo, también, sin terremotos,
erupciones volcánicas, tornados, huracanes, inundaciones y sequías;
inestabilidades ambientales que impidan vivir en paz y seguridad.
Tal ideal de mundo, posiblemente, se trataría de un reino espiritual
donde el medio físico y los cuerpos de los seres estarían
bajo control de sus mentes y espíritus, capaces de obrar lo que
para nosotros serían verdaderos milagros. Si aquí mismo,
dentro de tanta imperfección, hay seres capaces de caminar sobre
brazas sin quemarse, de levitar, de mover objetos con el pensamiento, o
de curar enfermedades imponiendo las manos, bien puede imaginarse que en
un mundo ideal todas estas cosas serían normales para cualquiera,
dominando la materia a grados tales que allí pueda no existir la
muerte. Si nos remitimos a libros sagrados o a enseñanzas espirituales
de diversas culturas, vamos a encontrar la idea de una "vida eterna" en
condiciones tales, ya sea fuera de la Tierra, o aquí mismo con posterioridad
a las transformaciones mundiales que anuncian. Por lo tanto, a partir de
la fe, el conocimiento o la libre especulación de cada uno, debemos
considerar la posibilidad de que exista en el universo un plano o muchos
lugares donde se cumpla el ideal de mundo que muchos tienen. Inclusive,
es de considerarse como posible la existencia de una pluralidad inmensa
de mundos habitados que vivan en amor, paz y felicidad, debido a la ausencia
en ellos de todas las imperfecciones que conocemos.
Mundos imperfectos
Podemos, también, considerar como posible la existencia de muchos
mundos imperfectos, cuyos habitantes logren avances tecnológicos
que les permitan ir a otros mundos, sin paralelamente haber avanzado espiritualmente.
Consecuentemente, si poblaran otros mundos, proyectarían en ellos
sus imperfecciones. Nosotros no estamos tan lejos de iniciar algo así
fuera de la Tierra. ¿Por qué no considerar que hace miles
o millones de años, en otros mundos ya lo hayan hecho, por ser humanidades
más antiguas que la nuestra? Podría imaginarse, entonces,
que seres imperfectos procedentes de diversos mundos, instalasen colonias
no sólo en distintos planetas, sino en los mismos mundos que otros
seres. En cualquiera de esos mundos, los colonizadores, disputándose
el control de territorios, de espacios aéreos, de océanos,
o del planeta todo, dada su baja evolución espiritual, tenderían
a entrar en conflictos bélicos. De resultas de ellos, las colonias
instaladas en diversos territorios podrían ser destruidas, y los
sobrevivientes ser evacuados unos, mientras otros podrían iniciar
progresivamente nuevas civilizaciones, en algún modo apoyados desde
afuera por sus semejantes que quedarían en el espacio o en su mundo
de origen. También podría suceder que los sobrevivientes
quedaran sin apoyo, sin tecnología, en un planeta casi inhabitable
luego del gran conflicto, y que sus descendientes fueran perdiendo sus
raíces, su historia, a tal punto de ignorar que su genética
es foránea, creyéndola surgida en ese mundo, producto de
un proceso evolutivo.
Diversidad racial
Los descendientes de las distintas civilizaciones iniciadas en aquellas
colonias, luego destruidas, irían demarcando sus territorios, o
invadiendo los ajenos, sin posibilidad de llegar a un entendimiento, por
sus diferencias raciales, idiomáticas, religiosas, y la vocación
de poder, expresada en el uso de las armas y el afán por los bienes
materiales.
Mundos que hayan pasado por tal historia quizá existan muchos, y
el nuestro -¿por qué no?- puede ser uno de ellos. Al fin
y al cabo, la antropología no ha podido explicar cómo la
diversidad de razas humanas pueda proceder de un mismo tronco. Más
bien, el legado histórico, la mitología de diversos pueblos
de todo el mundo, remite al origen "celestial" de sus ancestros. Razas
y pueblos de diversas genéticas, cada una oriunda de distintos mundos,
en los cuales habría un cierto grado de uniformidad racial, cultural,
para convivir -más allá de la falta de desarrollo espiritual-
como convive pacíficamente una comunidad de hormigas. Y como sucede
con las hormigas cuando se encuentran con otras distintas, el ser hormigas
pese a las diferencias, no las hace necesariamente amigas, sino que entran
en combate. El poblamiento del mundo por parte de diversas razas humanas,
no responde a nada que pudiera ser definido como un "proyecto integral".
Por el contrario, cada raza parece haber obedecido a un proyecto territorialista
desentendido del de las otras razas. A tal punto que, a cierto grado de
expansión y superposición territorial, el proyecto de cada
una debía entrar en conflicto con el proyecto de otra.
Podría considerarse la posibilidad de que no existieran tales proyectos
territorialistas por separado, sino que directamente la expansión
de las razas y pueblos se haya producido sin ningún proyecto por
parte de alguna inteligencia que operara desde fuera de la Tierra. Aunque
esto estaría en contradicción con la tradición judeocristiana,
con la azteca, y otras, las cuales dan cuenta de que hubo una determinada
"deidad" conductora de los destinos de su "pueblo elegido". Trátese
de la hipótesis extraterrestre o de la tradición religiosa,
cualquiera de los caminos conduce a la conclusión de que no hubo
un proyecto global de poblamiento por parte de las diversas razas y culturas,
sino más bien una verdadera "Torre de Babel" que conspiró
contra toda posibilidad de entendimiento entre los pueblos.
Más allá de si extraterrestres o dioses fueron los responsables
de tan heterogéneo poblamiento del mundo, lo que tenemos en claro
son las consecuencias de un desorden inicial que nunca pudo ser resuelto
por los diversos representantes étnicos de la especie humana. Consecuencias
que han conducido a la especie al límite de su autodestrucción.
Humanidad sin un proyecto
A lo largo de toda la historia, hemos sufrido la ausencia de un proyecto
de humanidad integrada. A mayor diversidad racial y cultural, mayor dificultad
para integrarnos. En lugar de que la variedad de etnias y culturas aportara
riquezas a sumar para el logro de una humanidad de grado superior, esa
diversidad no se ha sabido manejar convenientemente, sino que ha sido tomada
como separatoria entre los pueblos.
Imaginemos un mundo en el que hubiera una sola lengua, una sola cultura
para todos, una sola raza. Todos iguales, todos unidos. Allí no
tendrían la posibilidad de vivenciar la diversidad, en una forma
de entendimiento mundial que emerja del espíritu de convivencia
e intercambio. Nosotros sí tenemos esa posibilidad. No somos una
raza representante de un mundo, sino que somos una especie constituida
de razas representantes de distintos mundos, dentro de un mundo. Cada raza,
cada pueblo, es un mundo en el mundo. Estamos todos aquí, no unidos,
sino reunidos, antagónicamente, por algún error en el proceso
evolutivo. El error persistirá hasta el momento en que hagamos de
esta reunión, la hasta ahora no aprovechada oportunidad, tan singular,
de elaborar un proyecto de convivencia entre razas y pueblos.
Inicialmente, las razas han estado más o menos separadas cada una
en un continente o en regiones, y luego de subdivididas en pueblos, éstos
han tenido cada uno sus demarcaciones territoriales. Actualmente, dentro
de diversos pueblos, existen zonas, barrios, donde las razas están
separadas. Por ejemplo, negros descendientes de esclavos en América,
o blancos descendientes de invasores europeos en África. Esa tendencia
de la gente a nuclearse por afinidad racial, nacional y cultural, coloca
barreras a la relación con los distintos. El segregacionismo, la
discriminación a los inmigrantes, son problemas que deben resolverse
mediante un proyecto global para la humanidad. Movimientos migratorios
no planificados, en los que grandes contingentes vayan de un país
a otro, o del interior de un país a sus grandes ciudades, provocando
conflictos poblacionales, económicos, y otros, sin ningún
control que pueda administrar dónde van a residir y en qué
van a trabajar esos ciudadanos, seguirán siendo un problema en tanto
no haya un ordenamiento inteligente de tales desplazamientos humanos.
II
COMUNIDADES
REGIONES, LO ÉTNICO-CULTURAL Y LA NATURALEZA
Proyecto de humanidad unificada
Para ir decreciendo el número de habitantes de los centros urbanos
superpoblados, es necesario aumentar el número de comunidades pequeñas
en zonas despobladas. Ésa es una de las planificaciones que deben
ser instrumentadas en todo el mundo para dar inicio a un nuevo ordenamiento
poblacional.
Dentro de las posibilidades de movimientos migratorios y de un nuevo orden
en la población de los países, imaginemos una instancia futura
en la que ya no exista un continente donde predomine una raza, o una región
donde predomine una cultura. Imaginemos que, dentro de varios siglos, pudiera
lograrse que en cualquier rincón del mundo a donde se pudiera viajar,
las poblaciones hubieran logrado cada una el mismo grado de diversidad
que hoy encontramos en el planeta. Que tanto sea en la India, como en África
central, en Nueva York o en Suecia, hubieran tantos blancos como negros,
chinos, indios e híbridos de diversas razas. Que el control de la
natalidad y una eficiente administración de las diversas comunidades,
pudieran equilibrar en todo el mundo los índices poblacionales de
todos los grupos étnicos y culturales. Que en lugar de habitar en
zonas o barrios separados de ciudades grandes, lo hicieran en pequeñas
comunidades, conviviendo de manera integrada, enriquecedora. Cada comunidad
compuesta por representantes de cada cultura, de cada región, de
cada continente, de cada raza.
Imaginemos que, dada esa diversidad de habitantes, ningún país
(si para entonces todavía existieran los países) pueda distinguirse
de otro en cuanto a qué tipo de gente compondría su población.
Cada país tendría gente viviendo en otro país. Y tendría
gente de otro país viviendo dentro. ¿Qué pasaría
con el concepto de frontera, el de orgullo nacional? ¿Dónde
habrían de quedar esos conceptos, sino en la historia?
Un mundo que pudiera tener mezclada y no separada por zonas a la gente
de distinta genética, nación o cultura, no solamente debería
ser un deseo, sino también un propósito. Una humanidad desunida
desde su origen, debe buscar la unión no mediante deseos en el aire,
sino mediante proyectos muy concretos, y la idea de ir estableciendo comunidades
internacionales y plurirraciales en todo el mundo, es una posibilidad estratégicamente
efectiva que debería haber sido implementada hace ya bastante.
En la medida en que pequeñas comunidades de ésas vayan multiplicándose
por el mundo, aunque, por lo pronto, no se vaya a resolver el problema
de la humanidad, sí va a resolverse el problema de que hasta ahora
no estábamos resolviendo nada al respecto. Y esto es un principio,
más allá de si se logrará o no el propósito
final, y como principio, tiene su valor, sus fundamentos, sus perspectivas.
Un proyecto de humanidad unida debe empezar por lo más elemental:
reunir a los representantes de todas las razas y culturas para definir
qué clase de mundo queremos. Si queremos un mundo en el que cada
región sea un mundo aparte, con su propia gente característica,
o si queremos un mundo en el que cualquier población en cualquier
rincón sea exponente del todo.
Preservación de la Naturaleza y de poblaciones indígenas
La idea de tales comunidades integradoras, sin embargo, plantea el problema
de qué hacer con las tribus indígenas que estamos tratando
de preservar al no influir con nuestra cultura en sus modos de vida tradicionales.
Quizá no ahora, pero sí en un futuro lejano, cabría
preguntarse qué sería más conveniente para esos nativos:
si dejarlos en su primitivo estado, o hacerlos avanzar, en caso de que
integrarlos al proyecto comunitario mundial les otorgue más beneficios
que problemas. Dado el estado de sociedad -indeseable- que podemos ofrecerles
en estos momentos, tal planteo no cabe y por eso estamos tratando de no
integrar a esa gente a la civilización, ni de invadirla con ninguna
propuesta que introduzca cambios culturales en su estilo de vida. Pero
si lográramos una sociedad en condiciones tales que resultara enriquecedor,
sano, beneficioso en todo sentido para los nativos de esos núcleos
humanos primitivos, al menos deberíamos ir a informarles sobre lo
que podemos ofrecerles, y que ellos sean quienes decidan si estarían
dispuestos a participar en algo así, o mantenerse aislados.
Hasta tanto eso no ocurra, el proyecto de unificación de la humanidad
mediante estas comunidades de diversidad racial, nacional y cultural, deberá
tener presente que, como algunas de ellas podrán establecerse en
áreas habitadas por esas tribus indígenas, o próximas
a ellas, se deberá evitar interferirlas, y velar por que cuenten
con la necesaria protección para que ni gobiernos ni empresas, en
especial madereras, ni cazadores, incursionen en su hábitat con
acciones depredadoras. La conservación de la naturaleza y la preservación
de las comunidades indígenas ligadas a ella, deben dar lugar a la
instalación de un anillo de protección constituido de comunidades
del proyecto de humanidad unificada, en áreas boscosas y selváticas
donde haga falta vigilancia. Ambientalistas, guardabosques, científicos
naturalistas, de todo el mundo, nucleados en esas comunidades situadas
en la periferia de las áreas protegidas, mantendrían un control
que, a la distancia, ni gobiernos ni ecologistas están logrando
para evitar acciones depredadoras.
La degradación del medio ambiente y la amenaza de extinción
de especies vivientes, deberían llevarnos a cumplir con acciones
preservadoras no por nuestro propio bien, sino por el bien de la propia
naturaleza, más allá de nosotros. Porque ella, humanidad
aparte, tiene sus propias razones para existir. Sin embargo, la situación
del planeta ha llegado a un punto en el que cuidar la naturaleza no podrá
ser algo que hagamos por ella, sin necesidad de pensar en nosotros. Porque
tanto dependemos de ella, que cuidarla es cuidarnos, y descuidarla sería
extinguirnos. Por lo tanto, ya no se trata de preservar el medio ambiente
sólo por respeto al derecho a existir de las especies vivientes,
sino también para que nuestra propia existencia pueda tener continuidad.
No puede haber un proyecto de humanidad unificada, sin un proyecto de unificación
de la humanidad y la naturaleza. Ambas han sido separadas en la cultura
occidental, ya desde la tradición judía. La Biblia, en Génesis
1, enseña que el Dios Yahvé ha dado al hombre la autoridad
para someter a su voluntad a la tierra, las plantas y los animales; enseñanza
que ha sido aplicada destructivamente en grados que, bíblicamente,
pueden ser reflejados en los catastróficos sucesos del Apocalipsis.
UNIDAD Y DIVERSIDAD CULTURAL
Legislación
Un proyecto de humanidad unida se hace difícil cuando se tiene en
cuenta que hay culturas cuyas costumbres y leyes son francamente distintas
ante un mismo problema. Lo que en una parte del mundo puede ser elogiable,
en otra parte puede ser rigurosamente penado, prohibido; por ejemplo, que
la mujer trabaje o que se vista sin cubrirse todo el cuerpo. O las mutilaciones
genitales hechas a las mujeres para que no sientan placer. Entre lo prohibido
y lo permitido, ¿cómo podrían concebirse comunidades
en las que occidentales e islámicos pudieran convivir sin este problema?,
¿cómo, sin una legislación internacional con validez
en todo rincón del planeta, que proteja los derechos de la mujer,
que sigue siendo usada y dominada por los hombres donde las sociedades
no avanzaron en ese sentido desde hace miles de años?
Si la humanidad fuera UNA, tendríamos leyes para todos. Pero como
esto no es así, cada pueblo tiene su ley, y en caso de un proyecto
de comunidad internacional, donde haya que establecer una sola ley para
la colectividad, cada participante trataría de que sea la ley de
su país la que se imponga sobre la de los otros.
Los planificadores de estas comunidades deberán tomar decisiones
que los colocarán en posiciones encontradas. Deberá decidirse
si la mujer debe ser libre o subyugada, si se cultivará tabaco o
se prohibirá fumar, ya que se sabe que es nocivo para la salud ("es
causa de cáncer", dicen los propios avisos televisivos de cigarrillos);
deberá decidirse si se criarán o cazarán animales
para alimentarse o si se establecerá un régimen alimenticio
que reduzca o excluya la carne; si se usará dinero y habrá
trabajo remunerado, o si se eliminará todo valor de intercambio,
bajo un concepto de trabajo solidario; si se permitirá tener canarios
en jaulas o se prohibirá aprisionar a los animales; si habrá
circulación de automóviles con combustible contaminante o
si se utilizarán automóviles con paneles solares, bicicletas,
caballos u otros medios de transporte que no contaminen el aire. Más
allá de las subjetividades causantes de que se tome partido por
una opción u otra, habrá que establecer qué es lo
objetivamente más favorable para el perfeccionamiento humano. Y
habrá que ser rigurosamente estrictos para desterrar toda acción,
hábito y costumbre que mantengan a los ciudadanos en una existencia
retrogradante.
Estas decisiones deben ser tomadas, porque no estamos hablando de una humanidad
a ser armada con sus pedazos diversos, ensamblados sin argamasa en un débil
rejunte que pueda resquebrajarse. Estamos hablando de fabricar la argamasa
para lograr una sólida e inquebrantable unión de las diversas
partes de la humanidad, y esa argamasa es el proyecto de una red mundial
de comunidades con diversidad racial y cultural. Un proyecto es una argamasa,
y la humanidad no está unida por argamasa alguna de valores y de
planes, porque no tuvo proyecto en su origen, ni lo está teniendo
todavía. Estamos a tiempo de reunirnos a empezar a proyectar lo
que todos queremos de este mundo para el futuro; qué tipo de futura
humanidad nos propondremos diseñar con un modelo único, ya
que la actual y la pasada fueron obra de diseños fragmentarios y
conflictivos entre sí. Cuando establezcamos qué sociedad
humana empezaremos a elaborar, será viable la definición
de qué leyes, qué prohibiciones y qué libertades deberán
existir.
No podrá tener lugar, en este proyecto internacional, ninguna costumbre
retrógrada y degradante que esté amparada por la legislación
de determinado país cuyos representantes convivan en estas comunidades.
Una convención legislativa establecerá una única ley
para todos los ciudadanos de los diversos países participantes de
la experiencia. Esa convención determinará que, dentro de
la diversidad cultural que se promoverá mantener paralela a la unidad
cultural que se desarrolle, no podrá tener cabida ninguna conducta
que se aparte de la legislación comunitaria.
Todo ciudadano y toda organización que deseen participar en este
proyecto, deberán atenerse al concepto de que ya no vivirán
bajo el régimen de la nación a la que pertenezcan, sino bajo
una ley internacional, cuyas libertades otorgadas y cuyas restricciones
impuestas a los habitantes de estas comunidades, ellos deberán conocer
a fondo antes de ofrecerse a participar en la experiencia, y las deberán
aceptar para ser admitidos.
No hay que confundir "respeto a las diferencias o a la diversidad cultural",
con permisibilidad ante lo que determinadas culturas sustentan contra la
dignidad humana. La determinación de qué humanidad futura
queremos lograr, con qué vicios y males erradicados de la cultura
planetaria que vayamos a conformar, exige restricciones a toda manifestación
cultural que amenace con introducir en el proyecto de unificación
de la humanidad, variables contaminantes.
Habrá que tener en cuenta un serio inconveniente para el establecimiento
de comunidades en países donde los gobiernos violan los derechos
humanos que, pese a su Declaración Universal de 1948, la O.N.U.
no ha podido hacer cumplir. Si los principios que se establezcan para la
vida comunitaria prohibieran acciones que en tales países se permiten
contra los derechos humanos, o bien permitieran acciones que en tales países
-también contra tales derechos- se prohiben, existiría una
sola forma de establecer en ellos estas comunidades. Consistiría
en que ellas sean declaradas por los gobiernos de tales países,
como zonas neutrales de cuyo funcionamiento a nivel normativo, en lo social
y cultural, el gobierno nacional no se responsabilice. Algo así
como porciones "desnacionalizadas" del territorio, sujetas a leyes internacionales
aseguradas por la O.N.U. Las comunidades podrán tener su propio
sistema normativo como lo tiene toda empresa o institución, pero
cuando éste no se adecue a la legislación de los países
donde los gobiernos violan derechos humanos, no es de esperarse que tales
gobiernos declaren zona neutra con su propia normativa a las comunidades.
Y aunque sí ocurriera, ¿a qué tribunal internacional,
sino al de La Haya, tendrán que recurrir sus habitantes ante cualquier
conflicto que se presentara con un gobierno nacional de ésos? Si
la intercesión de la O.N.U. sería necesaria en tal instancia,
mejor que lo sea en principio: con la O.N.U. haciendo respetar los derechos
humanos en comunidades a establecer en países con el referido problema,
y sus gobiernos delegando en la O.N.U. el control jurídico de las
áreas comunitarias, para que toda libertad quede fuera de la responsabilidad
del gobierno nacional, y que todo delito que la O.N.U. juzgue como tal,
sea penalizado por una corte internacional. Pero mientras la O.N.U. siga
sin poder jurídico para imponer sanciones a los países que
violen derechos humanos, no podrá haber en tales países comunidad
alguna del proyecto de humanidad unificada.
Religión
Uno de los problemas a afrontar es el de la diversidad de creencias religiosas.
Establecer si deberá haber una religión cuyas enseñanzas
sean consideradas más próximas a la verdad que las de otras
religiones, y que la cultura planetaria a constituir tenga un "culto oficial",
no es algo a lo que pueda llegarse mediante una convención. Porque
la parcialidad de quienes debatieran al respecto, no podría arribar
a puntos de acuerdo, cuando lo que se estaría haciendo es una elección
por exclusión.
El problema de que los humanos estén divididos por religiones, según
en qué lugares hayan nacido y habitado, resulta de la formación
cultural que la educación proporciona en cada país, donde
hay un culto predominante que es enseñado -en muchos lugares por
imposición- y hay una absoluta ignorancia acerca de lo que dicen
las demás creencias.
Una cultura planetaria como la que se pretende para el proyecto de comunidades
multiculturales, podrá no disponer de una religión (lo cual
habrá que considerar si se tratará de una falencia o de una
ventaja), pero lo que sí deberá propiciar, es que los habitantes
sean instruidos en el conocimiento de todas las creencias, mitologías,
cosmovisiones actuales y ancestrales, y doctrinas filosóficas acerca
de la idea de un Ser Superior, deidades, el universo y la existencia.
Una comunidad cuyos habitantes reciban un conocimiento diverso acerca de
religiones, tendrá opciones que en el mundo no se han ofrecido,
durante toda la historia, a los habitantes de las naciones. Los ciudadanos
podrán arribar a esta experiencia de intercambio, cada uno con sus
creencias. Pero es previsible que el conocimiento de lo que predican los
creyentes de otras religiones, pueda hacer que muchos dejen de pensar que
la suya es la única verdad religiosa, y tengan apertura a otros
cultos. También es previsible que la profundización en el
conocimiento de las religiones, lleve a muchos a terminar dudando de la
veracidad de lo que creían, y a no creer en ninguna religión.
Todas estas posibilidades estarán dadas dentro de la libertad de
pensamiento que se estará favoreciendo con esta propuesta comunitaria
de diversidad religiosa.
Cada comunidad deberá contar con espacios en los que los adeptos
a las diversas creencias puedan llevar a cabo sus prácticas. Y espacios
en los cuales se pueda reunir a los representantes de los diversos cultos,
para que unos enseñen lo suyo y otros lo aprendan. También
espacios neutros de convergencia que puedan recibir a adeptos a creencias
distintas, como el universalista Templo de la Buena Voluntad, en Brasilia.
Diferencias culturales y factores ambientales
La idea que tenemos acerca de las diferencias entre los países,
está, en parte, determinada por factores ambientales dados por la
geografía. Vestimentas de abrigo o ligeras, resultan del clima.
Transportación en camello o en góndolas, nos pueden remitir
al desierto del Sahara y a Venecia, respectivamente. En una comunidad internacional
instalada en una zona subtropical campestre, los siberianos no estarán
abrigados, los árabes no andarán en camellos, ni los venecianos
irán de su casa al trabajo en una embarcación. Por lo tanto,
muchas de las diferencias culturales que pueden observarse de un país
a otro, no necesariamente van a estar presentes en la vida cotidiana de
las comunidades internacionales.
Las migraciones europeas a Sudamérica, donde en Navidad hace calor,
han incorporado a la alimentación hábitos tales como el consumo
de frutas secas. Algo típico de regiones frías, que al aportar
calorías consumido en lugares cálidos para dicha festividad,
es inconveniente para la salud. Si un proyecto de comunidad planificada,
deberá establecer qué alimentos serán los que convenga
que la población consuma y cuáles no, deberá romperse
con tradicionalismos asociados a fechas o a regiones de procedencia. En
las referidas migraciones europeas al hemisferio sur, no se hizo conciencia
del cambio ambiental, climático, que exigía un cambio alimentario,
y se introdujo en la población un modelo de alimentación
navideña fuera de contexto, acompañado por el no consumo
de frutas secas en invierno. Esta clase de desajustes, es un ejemplo de
cómo determinadas características de una cultura pueden no
ser reformuladas conforme al nuevo hábitat de un inmigrante.
Un proyecto de comunidad que reúna a representantes de diversas
culturas, procurará preservar en ella los hábitos y usanzas
que constituyan su identidad, en tanto y en cuanto no entren en desajuste
con el contexto geográfico.
Embajadas culturales
Lo más característico de un país, entendido no como
un territorio con determinada geografía, sino como una concepción
humana, no es el subsuelo, ni el relieve, ni la hidrografía, ni
la flora, ni la fauna, ni el clima. Los diamantes del subsuelo sudafricano
o brasileño, no distinguen entre sí a los respectivos países:
más aún, confirman que, antiguamente, las tierras de África
y América estaban unidas. Similar relieve, similares costas marítimas
y ríos, similar vegetación. Habría que encontrarse
con especies animales diferentes de un continente al otro, para recién
allí darse cuenta de si se está en África o Sudamérica.
Pero en un vistazo panorámico, podría no advertirse diferencia
alguna. Un paisaje andino del sur, podría ser confundido con el
de montañas canadienses o alpinas, y un sector de un desierto del
norte africano, podría confundirse con uno australiano o estadounidense.
Antártida con el Ártico, un paisaje del Caribe con uno de
Brasil, y un volcán en Italia con uno en México.
Imágenes
televisivas de cualquiera de todos esos lugares podrían no dar una
idea muy clara de a qué países pertenecen. Pero esa idea
se puede llegar a tener con sólo ver en pantalla en cada lugar,
a su gente característica, con su color y rasgos faciales, su vestimenta,
su lenguaje, su música, sus danzas típicas, sus prácticas
religiosas, sus casas, su arquitectura, sus mercados y productos. Un país
no termina dentro de sus fronteras, sino que está representado por
viajeros, emigrantes, que llevan al exterior una muestra de él.
Como una embajada es una parte de un país dentro de otro, las comunidades
de este proyecto serán nucleamientos de embajadas culturales. Serán
una muestra del concepto cultural de cada país. No del concepto
político con las leyes de cada país, porque habrá
una ley única para todos, y porque los regímenes políticos
en las naciones no son la esencia de las naciones. Ya fuera con los zares
o con los comunistas en Rusia, con los gobiernos militares o con los democráticos
en América, con las monarquías o las democracias en Europa,
los países, su gente, sus idiomas, sus costumbres, han tenido una
permanencia, han mantenido una identidad.
Esa identidad, que define la diversidad cultural en el planeta, es lo que
en estas comunidades permitirá "ir de un país a otro" dando
apenas unos pocos pasos. En una de las diversas alternativas del proyecto,
cada comunidad estará dividida en tres sectores: un sector central
de convergencia donde se desarrollará la unidad cultural, un sector
periférico de diversidad cultural, subdividido según razas,
continentes y países, y un sector intermedio en el que residan las
familias cuyos componentes sean heterogéneos o híbridos en
cuanto a raza o nacionalidad.
En el anillo periférico, habrá, de cada cultura, construcciones
con su típica arquitectura, obras de arte, artesanías, música,
danzas, rituales, deportes, juegos, vestidos, comidas, libros, fotografías,
videos, y toda otra manifestación cultural que pueda desarrollarse.
Del ambiente natural de sus regiones de procedencia, se podrán colocar
en cada subsección, ejemplares minerales muy característicos,
vegetales y animales (no sometidos a cautiverio).
Mediante tecnología computacional interactiva, se podrá trasladar
en realidad virtual, a habitantes y visitantes de estas comunidades a muchos
lugares del mundo de los que se disponga de programas de simulación.
Será una manera de viajar y situarse en el contexto geográfico,
natural o urbano, de donde procede la gente de cada sector de la comunidad.
Desarrollo y sostenimiento económico
Para la etapa de inicio, algunas o quizá muchas de estas comunidades
pueden ser planteadas no sólo como espacios de intercambio cultural
para una población fija, sino también como lugares de atracción
turística. Conocer otras culturas, cómo son y cómo
viven ciudadanos de diversos lugares del mundo, aprender de ellos, recrearse
con sus propuestas artísticas, deportivas, lúdicas; probar
sus comidas, conocer y adquirir sus artesanías, todo ello puede
ser motivo de interés y atracción para el turismo.
La curiosidad de tomar contacto con tan diversa realidad cultural, puede
motivar a los habitantes de las grandes ciudades más próximas
a estas comunidades, a visitarlas. Como novedad para la gente de cualquier
ciudad, la instalación de una población de estas características
en sus proximidades, puede ser motivo de interés para conocer algo
nuevo y diferente.
Teniendo
en cuenta que estas comunidades deben ser establecidas en regiones deshabitadas
o de mínima población, hablar de proximidad con respecto
a ciudades, implica una distancia no menor a decenas y preferentemente
centenas de kilómetros.
En
segundo lugar de posibilidades de afluencia turística, se encontrarían
interesados procedentes de lugares más distantes del país,
o del exterior, que viajen especialmente a las comunidades, o que aprovechen
la proximidad de alguna de ellas a su ruta de viaje, si se encontraran
haciendo turismo. Esta última posibilidad, debiera dar lugar a que,
en la primera etapa de construcción de este tipo de comunidades,
se eligieran zonas cercanas a circuitos turísticos.
Los ingresos económicos que proporcione el flujo de visitantes,
podrán dar lugar a que este tipo de emprendimientos comunitarios
pueda ser encarado -más allá de lo cultural y de lo humanitariamente
unificador- como un negocio. Proponer como tal este proyecto, será
una alternativa para la obtención de los medios financieros necesarios
para llevar adelante la propuesta.
Si se tratara con ONGs o con gobiernos, éstos podrían destinar
fondos para colocar en las comunidades a representantes de sus países,
pues en una experiencia mundial como ésta, nadie querrá quedarse
afuera. Cada país tendrá derecho a un lugar en cada comunidad
que exista, y ese lugar tendrá un costo. Ese costo no será
más alto que el que está teniendo el movilizar políticos,
artistas, deportistas y científicos de país en país
para eventos internacionales. Éste será un evento internacional
más, al cual, en cada país, se pueda resolver enviar gente.
Debe considerarse, también, la posibilidad de solicitudes de residencia
en las comunidades, por parte de ciudadanos que actúen a título
personal, con sus propios medios económicos que cubran el costo
de las viviendas y servicios a utilizar. Por una u otra razón, esas
personas con posibilidades económicas han sido de algún modo
privilegiadas por un sistema que a otros los ha desposeído. Por
lo tanto, como una forma de compensación a los perjuicios ocasionados
a unos por el sistema, en beneficio de otros, éstos, los que tienen
medios económicos, podrán participar en una de estas comunidades
bajo una condición que deberá exigirse: por cada casa a ser
habitada por una o varias personas con altos recursos, éstas deberán
cubrir los gastos que requieran familias de escasos recursos para habitar
otras de las viviendas. Deberá estipularse los gastos de vivienda
de cuántas familias carenciadas les corresponderá sustentar
a quienes tengan altas posibilidades económicas, según sea
el nivel de ingresos que perciban o el patrimonio con que cuenten. De esta
manera, se evitará que las comunidades, el día de mañana,
puedan degenerar en una nueva forma de "condominios", "fraccionamientos
residenciales" o "countries" para gente pudiente. Se evitará, así,
que esta clase de vida comunitaria privilegie sólo a los ya privilegiados
por el sistema económico, y deje afuera a los pobres.
Uno de los pilares del proyecto consiste, justamente, en ofrecer condiciones
de vida más dignas, saludables y productivas de las que atraviesan,
a personas carenciadas; las que, principalmente en los grandes centros
urbanos, constituyen un problema que requiere soluciones. Por lo tanto,
la idea no consiste en cuánta gente pobre será acoplada a
la gente rica que se establezca en las comunidades, sino en cuánta
gente rica querrá acoplarse a comunidades que deben ser básicamente
de gente pobre. La solidaridad, que será el motor de la vida comunitaria,
deberá comenzar por la disposición de los que tienen de más,
a ayudar a los que tienen de menos. Será más fácil
que un rico entre al Reino de los Cielos, a que entre a una de estas comunidades
si su apego material y falta de vocación solidaria le impidieran
ofrecer una parte del capital con que cuenta, a quienes no tienen.
De todas maneras, a los que tienen, se deberá procurar no descapitalizarlos
con exigiencia de aportes demasiado altos: con sólo un 10 % de sus
recursos, podrán, según el capital con que cuenten, cubrir
los gastos de vivienda desde muchas o algunas personas pobres, hasta al
menos una familia.
Para que los pobres que reciban esta ayuda no la sientan como limosna o,
en el otro extremo, la tomen como una "obligación" de los que tienen,
del gobierno, de las ONG's que los puedan patrocinar, o de quien fuese,
deberá requerirse que participar de la vida en estas comunidades
ocupando una vivienda sin pagar nada, no sea gratis, sino que progresivamente,
con trabajo, se le reintegre a la comunidad lo que ella ha invertido en
cada persona sin recursos.
Actividades y densidad de población
Las comunidades pueden planificarse conforme a la actividad de sus residentes,
de manera homogénea, por ejemplo, una comunidad de científicos,
otra de artistas, otra de artesanos, otra de obreros, otra de agricultores,
otra de floricultores, etc. Será necesario que todas ellas estén
relativamente cerca, de manera que haya movimiento de gente de una a la
otra para el intercambio de lo que en cada una se produzca. Así,
entre todas, se forma una comunidad de comunidades. Para evitar exceso
de densidad de población, cada comunidad de comunidades, considerando
que pudiera tener un diámetro de cinco kilómetros, tendrá
a cada una de esas comunidades (de 1.000 habitantes como máximo),
situada a una distancia no menor a su diámetro, que será
de un kilómetro. Esto es, un máximo de siete comunidades,
seis periféricas y una central, sumando un máximo de 7.000
habitantes. La comunidad central puede estar compuesta por representantes
de las comunidades periféricas, reuniendo a su vez, toda la información
correspondiente a cada una de ellas y, con fines de intercambio, el producto
del trabajo en ellas desarrollado.
También pueden planificarse comunidades heterogéneas, que
reúnan a representantes de cada una de esas actividades, las cuales
estén distribuidas en zonas, dentro de un sector intermedio entre
la periferia de diversidad cultural y el anillo intermedio de residencia
de familias heterogéneas.
La comunidades de actividad heterogénea son las más factibles
de ser instaladas para proyectos de no más de mil habitantes. Proyectos
que aspiren a instalar poblaciones de varios miles de habitantes, pueden
agrupar a éstos por actividades, cada grupo en una comunidad.
Idioma
Cada habitante de estas comunidades, hablará en su idioma dentro
de su sección correspondiente en el anillo periférico, y
hablará, si lo dominase, el idioma de la gente de toda sección
que él visite. En la sección central, se hablará el
idioma que una convención internacional designe para el proyecto
de futura humanidad unificada. Se decidiría entre el Inglés
(según la realidad actual) o, si prevaleciera lo ideado con vistas
a la unificación del lenguaje: el Esperanto. También podría
ser que, según sea el país donde se encuentre la comunidad,
el idioma nacional sea el que -al menos en principio- se requiera a todo
habitante de procedencia extranjera.
Prioridades en la selección de habitantes
Para el desarrollo de un proceso que siente las bases humanas de una futura
sociedad distinta de la actual, debe tenerse en cuenta que determinados
tipos de personas son más adecuados que otros. Las comunidades de
este proyecto, en la etapa experimental, podrán estar compuestas,
en parte, por emprendedoras personas con deseos de iniciar una vida distinta
y con recursos económicos que les permitan instalarse. Otras personas
postulantes podrán carecer de recursos, los cuales habrá
quienes los proporcionen, pero lo que se deberá fijar con claridad
son los propósitos que cada individuo deberá tener en función
del conjunto. Deberá evaluarse en qué medida cada postulante
estará sintonizado con los propósitos generales de esta experiencia
de vida, tarea que requerirá gran responsabilidad, incluso en las
resoluciones desfavorables para ciertos aspirantes, por cuanto las personas
evaluables como más enviciadas con las falencias de la vida urbana
y menos compenetradas con lo que en estas comunidades se pretenda, lógicamente
no tendrán un lugar preferencial en el orden de quienes se determine
que participen en la experiencia.
Tratándose de un proyecto con fines solidarios, estas comunidades
deberán estar conformadas por el equilibrio de dos tipos de habitantes:
los que más ayuda necesiten, y los que más ayuda puedan brindar.
Si los más necesitados de asistencia fueran a componer la totalidad,
la casi totalidad o aun la mayor parte de estas comunidades, ellas terminarían
siendo un fracaso, porque carecerían de material humano en condiciones
de actividad plena y con recursos culturales, intelectuales y materiales
necesarios para la prosperidad de la vida comunitaria. En el otro extremo,
si la totalidad, la casi totalidad o la mayoría de los habitantes
fueran a ser de estos últimos, la propuesta sería elitista,
quizá hasta con derivaciones racistas, considerando que ciertas
razas tienen más factivilidad que otras para el acceso a la cultura
y beneficios materiales. El justo equilibrio estaría en la combinación
cuantitativamente adecuada, en dos mitades, de representantes de ambas
situaciones o realidades sociales.
Si se tratara de comunidades en las que todo habitante deberá trabajar
y producir, estaríamos dejando afuera a desnutridos, niños
y demás imposibilitados de efectuar labores; sería una propuesta
discriminatoria. La idea es que se brinde asistencia a un determinado número
posible de personas en tales condiciones, para que más adelante,
cuando sus posibilidades físicas y mentales lo permitan, se integre
a esos habitantes a las actividades productivas.
La geometría en el diseño urbanístico y arquitectónico
Dependiendo de la topografía -de preferencia llana- se deberá
determinar qué forma tendrá la comunidad: círculo,
estrella, triángulo, hexágono, octógono, u otras,
podrán reemplazar la cuadrícula en damero con la que se ha
venido simplificando el diseño urbanístico, encasillando
a los habitantes. También las viviendas con ángulos rectos
pegadas unas junto a otras y apiladas unas sobre otras, han comprimido
insanamente a la población. La descompresión necesaria plantea
la necesidad de espacios amplios entre las viviendas, que pueden ser con
jardines entre una y otra, sin necesidad de paredes medianeras o alambrados
para evitar la incursión de los vecinos, porque se tratará
de comunidades donde el respeto mutuo hará esto innecesario. Y en
cuanto a las formas cuadradas con que Occidente ha encasillado inarmónicamente
a los moradores de las viviendas, los ángulos rectos podrán
ser reemplazados por las curvas. Viviendas tipo iglú, con doble
curvatura (hacia los lados y ascendente) desde el piso, cilíndricas
con cúpula, o cónicas como las tipis de los indios de Norteamérica,
son algunas de las alternativas posibles. Diseños piramidales podrán
servir a fines terapéuticos, rearmonizadores, energizantes, o con
fines de investigación. Arquitectos especialistas en Feng Shui (disciplina
oriental para la creación de ambientes armoniosos, para una mejor
integración entre las personas y su hábitat), podrán
asegurarse de que las construcciones sean planificadas y levantadas en
los lugares y de las formas más adecuadas a las posibilidades de
bienestar de sus habitantes.
Ni una sola forma geométrica para las comunidades, ni el tipo de
construcciones para sus habitantes, deben ser de características
uniformes para todos los lugares. En cada uno de ellos, dejando incluso
la decisión librada a lo intuitivo, se deberá optar entre
las geometrías y variables diversas que se tenga como alternativas
posibles proyectadas, según cada caso en particular. A nivel experimental,
cuanto mayor sea la diversidad de diseños urbanísticos y
arquitectónicos que se apliquen, más resultados diversos
se podrá tener para evaluar qué diseños brindan mejores
condiciones de vida. La falta de antecedentes hace que lo que en teoría
pueda ser considerado mejor, no lo sea en la práctica, y las experiencias
acertadas o fallidas irán constituyéndose en esos antecedentes,
que será necesario consultar.
WEBS SOBRE EL PROYECTO
O.H.U.:
www.geocities.com/libertylove.geo/OHU.htm
www.geocities.com/neworder2013
www.geocities.com/clomro/Informe4_seccionII_capIII_pII.htm
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