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WEB del Centro de Estudios Alcalareños EL CASTILLÓN
Nuestro Patrimonio:
El Cerro del Castillón
Por Pedro Aguayo de Hoyos
Profesor de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada

 En el recorrido por los elementos más significativo del patrimonio histórico de nuestra comarca nos ocuparemos del Cerro del Castillón, aunque pueda parecer que hay una notable diferencia en la importancia de unos y otros elementos patrimoniales, como en el caso de Acinipo, sin embargo, una serie de razones nos han llevado a escoger este destacado punto topográfico como objeto de estas notas. En primer lugar nos permitirá reivindicar el interés histórico de yacimientos arqueológicos como el situado en la cima de este cerro, que, sin tener unas estructuras monumentales, guardan en sus modestos restos arqueológicos, datos preciosos para algunos momentos de la historia local, con implicaciones  más amplias, como tendremos ocasión de exponer. Por otro lado, nos permite denunciar la falta de protección y abandono que este tipo de asentamientos tienen por parte de todos, incluyendo autoridades autonómicas y locales, que por desconocimiento, desidia o falta de instrumentos legales, permiten su destrucción en la más absoluta impunidad, cuando no, con la complacencia de quién tiene la competencia en su custodia, sin comprender que para la historia de las gentes que nos precedieron tan importantes son las grandes y conocidas ruinas, como los pequeños y desconocidos restos, como recoge nuestra legislación. Así mismo, el propio nombre de este lugar ya es un indicador de su interés histórico, pues es la toponimia, estudio del nombre de los lugares, la primera señal del presumible valor de estos sitios. Topónimos como Castillón, Castillejos, Castellar y otros muchos, suelen indicar la existencia en el lugar de un antiguo asentamiento de cualquier época y función. Por último, creemos que el propio nombre de esta revista  hace interesante dedicar unas breves líneas a este yacimiento arqueológico alcalareño.
 El Castillón es un elevado cerro de 831 metros de altitud, situado al noreste de Alcalá del Valle, a la derecha de la carretera que une el pueblo con la nacional Jerez-Cartagena. Asomado al camino natural que comunica la dos depresiones más occidentales del sistema orográfico bético,  las de Antequera y Ronda, y desde allí, siguiendo el cauce del río Guadalete, comunica con las campiñas gaditanas y el Golfo de Cádiz, hacia occidente, y siguiendo el cauce del río Corbones, hacia el norte, con las campiñas del Guadalquivir medio. Este camino, hoy recorrido por esa carretera nacional, ha sido a lo largo de la Historia la más importante vía de comunicación terrestre alternativa al gran río: el Guadalquivir o al marítimo: el Estrecho de Gibraltar, que comunicaban Andalucía Oriental y Occidental. Cualquier punto topográfico bien situado sobre ese camino, que permitiera su control visual tenía un gran interés desde el punto de vista estratégico. Ese es el caso, de manera muy destacada, del Castillón, si consideramos que es este cerro y no otro al que también se le ha dado esta denominación, como puede comprobarse en el mapa topográfico español del Instituto Geográfico y Catastral Nacional.
 No obstante, no es sólo el valor de control del camino mencionado, lo que justificaría la presencia humana a lo largo de la Historia en el Castillón sino su situación privilegiada en un espacio natural con excelentes posibilidades para la caza, la recolección y actividades agropecuarias. Desde la explotación de estas riquezas naturales es como hay que entender el uso reiterado de las covachas naturales situadas en su ladera oeste, donde, ya desde el Neolítico, se documenta su ocupación, probablemente de forma estacional, en frecuentaciones relacionadas con actividades cinegéticas o pastoriles,  que se mantienen a lo largo del segundo y primer milenio antes de Cristo. De esas estancias humanas en las covachas se han conservados restos de su utillaje doméstico como restos de vasijas cerámicas, útiles en piedra tallada, sílex, martillos, azuelas y hachas pulimentadas en rocas duras, instrumentos en hueso, adornos como cuentas de collar y colgantes e, incluso, restos humanos y de animales, lo que indican que el lugar fue utilizado en esas ocupaciones como lugar de  vivienda y también como necrópolis. Todos estos restos se encuentran depositados en el museo provincial de  Cádiz o en colecciones particulares, sin que hayan sido publicados o dados a conocer, a pesar de que algunas de las intervenciones fueron oficiales, con autorización y financiación públicas, realizadas en la segunda mitad de los años 80 (1985-87).
 Contemporáneos con algunas de las utilizaciones de las covachas, a lo largo del tercer milenio y comienzos del segundo, durante la Edad del Cobre, se construyen en la ladera sur del Castillón una serie de sepulcros megalíticos o dólmenes, de los que el museo de Cádiz excavó y consolidó dos de ellos, de los que aún tampoco se ha publicado nada, que nosotros conozcamos. Algún otro sepulcro existente en la zona fue destruido a comienzos de los años 80, según dio a conocer José Sánchez Caballero en la revista Ronda y la Serranía en su nº 30 de 1983. Del  gran interés e importancia de estos monumentos megalíticos, de su significación histórica y de la riqueza de este tipo de manifestaciones funerarias en nuestra comarca y en el propio término municipal de Alcalá del Valle tendremos ocasión de ocuparnos y extendernos más adelante. Sirva esta referencia para recalcar la impronta dejada por la presencia humana en el Cerro del Castillón, desde épocas tan remotas, y reflejar la relación entre el uso de las cuevas del Castillón, como lugar de ocupación estacional, y los sepulcros colectivos dolménicos situados en sus laderas.
 Avanzando en el transcurrir del tiempo, habremos de trasladarnos al comienzo de nuestra Era para encontrar los primeros indicios de asentamiento en la cima del Castillón, ahora ya en edificaciones construidas al aire libre, de las que sólo es posible hacer referencia a pequeños restos de cimientos de muros, realizados en mampostería, desgraciadamente conocidos por la acción destructora de las excavaciones clandestinas de saqueadores y buscadores de tesoros ocultos, que en su ignorancia o acción delictiva, han puesto a la luz y a la destrucción estos restos constructivos. Del interior de los restos conservados de esas construcciones hemos podido recoger un pequeño lote de fragmentos de vasijas cerámicas: ánforas, platos, ollas, de formas y decoraciones características ibéricas, u objetos de hierro, que hablan de las actividades diarias allí realizadas por los que hicieron aquellas construcciones. Pero lo más significativo desde el punto de vista arqueológico es un pequeño lote de cerámicas italianas de importación  que permiten situar estas construcciones en el siglo I antes de Cristo. Se trata de un tipo de vasijas de lujo, conocidas por los arqueólogos como Campaniense C: platos, cuencos, copas, etc. de arcilla muy depurada de color gris claro, recubiertas de un excelente barniz negro y con decoración interior estampillada, fabricadas en Sicilia, y poco frecuentes en los yacimientos peninsulares. Su interés reside en la posibilidad de dar una fecha muy concreta centrada en el primer siglo antes de nuestra Era. Son cerámicas muy especiales entre un grupo de vasijas cerámicas indígenas u autóctonas, fabricadas y utilizadas en la zona. También habría que señalar que no se encuentran en el Castillón restos arqueológicos más modernos después del siglo I, hasta época medieval, es decir, no hay cerámicas romanas más tardías (cerámicas sigilatas), ya de nuestra Era, como ocurre en la mayoría de yacimientos romanos de la zona, como Acinipo o Setenil.
 Esto que puede parecer algo muy especializado y para pocas personas (de hecho lo es), representa un dato de máximo interés para plantear un tema de mucho mayor incidencia histórica como lo sería la influencia que en el territorio hispánico, y en concreto en esta zona, de las conocidas como guerras civiles romanas entre partidarios de Cesar y Pompeyo. Se considera que la Bética estaba pacificada desde principios del siglo II antes de Cristo con la intervención de L. Emilio Paulo y con ella la perdida de medidas defensivas, como los asentamientos de altura o el levantamiento de murallas en las ciudades, aunque continúan manteniéndose las ya construidas, ahora convertidas más en un elemento de prestigio de las ciudades que las poseen y mantienen y las que no. La necesidad de ocupar un lugar tan estratégico, desocupado con anterioridad, en momento de mediados del primer siglo antes de Cristo, en una zona ya pacificada, nos habla de episodios bélicos como el mencionado de la guerra civil romana que dividió a partidarios de Cesar y Pompeyo en suelo hispano, donde se desarrolló la batalla decisiva de la derrota de Pompeyo: Munda, durante mucho tiempo situada en la Serranía de Ronda, aunque hoy se considera probada su desarrollo en las cercanías de Montilla (Córdoba). El final de la guerra coincide con la primera desocupación del Castillón, pues no hay nada que permita hablar de continuidad en el asentamiento más allá de la coyuntura bélica que provocó su ocupación.
 Circunstancias muy parecidas, aunque muy alejadas en el tiempo, provocaron el nuevo episodio de ocupación de la cima del Castillón. Es a lo largo de los siglos XIII-XV, con los avances de Fernando III, cuando la Serranía de Ronda se convierte en la avanzadilla del reino nazarí de Granada frente a los castellanos y, con ello, las ciudades y pueblos son la retaguardia de la frontera, mientras que la frontera física la constituyen, por parte musulmana, una red de torres y asentamientos fortificados de altura que controlan la tierra de nadie, que separa los territorios cristianos y musulmanes. Es en esta situación cuando se vuelve a reocupar el Castillón, como parte de la línea de puntos de vigilancia de la frontera, que en su desarrollo noroeste coincide con el pasillo o camino natural que es el surco intrabético, correspondiendo a los castellanos el borde norte y el sur a los musulmanes. La fecha coincide con estos momentos, según indican los restos arqueológicos de época islámica recogidos en la superficie del cerro, sin embargo, en el caso del Castillón, no se conservan restos constructivos de la envergadura de las torres o fortificaciones que pueden encontrarse en otros casos similares y próximos, como la torre del Viján, Agüita, Montecorto, etc. Ello puede ser debido a un diferente estado de conservación, que ha hecho desaparecer en superficie los restos de torres o fortificación, o que este asentamiento cambia el sistema de defensa, lo que sería extraño, o su permanencia no fue asegurada una vez conquistada la zona o, quizás, fue desmontada de forma intencionada. Una excavación arqueológica permitiría aclarar estos detalles.

 Por tanto, la presencia humana en el Cerro del Castillón puede dividirse en tres etapas, la primera prehistórica, relacionada con la explotación y uso del espacio y riquezas naturales del entorno por parte de poblaciones de economía móvil que tienen en este lugar un punto de ocupación temporal, tanto para actividades de subsistencia, como de enterramiento, las otras dos ocupaciones están motivadas por situaciones estratégicas, ocasionadas por causas militares, consecuencia de las guerras civiles romanas y avance de conquista de los castellanos sobre el reino nazarí de Granada, subrayando el papel estratégico de la situación y control espacial del Castillón.

Enlaces de interés sobre patrimonio alcalareño
El Cortijo de la Cacería
El Cerro del Castillón
El Monasterio de Caños Santos
Los Dólmenes de Tomillos
I Seminario de Historia y Arqueología de Alcalá del Valle


Enlaces de interés sobre patrimonio de la Serranía
La Cueva del Gato
La Cueva de la Pileta
La Ciudad Romana de Acinipo
Jornadas de Patrimonio en Ronda
El Museo Lara de Ronda


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Última actualización de esta página, 21 de enero de 2000