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La Ciudad Romana de Acinipo Por Pedro Aguayo de Hoyos Profesor de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada |
El yacimiento arqueológico de Ronda
la Vieja (ciudad romana de Acinipo) está situado en la Depresión
de Ronda, a 20 Km. de esta ciudad, por la carretera Ronda-Sevilla,
desde la que en su km. 108, a 10 de Ronda, parte la carretera comarcal
a Setenil, que tras 10 km. de ascenso, permite llegar a las ruinas de Acinipo.
Situada en una gran mesa caliza, con una altitud máxima de 999 m.
sobre el nivel del mar. La meseta tiene una apreciable inclinación
en sentido oeste-este, con 900 m. de eje mayor, en sentido norte-sur, con
una superficie total de 32 hectáreas. Su situación le proporciona
un valor estratégico y de dominio visual del territorio que le rodea
y la posibilidad de comunicación con otras áreas como las
campiñas del Guadalquivir, siguiendo el río Corbones, la
bahía de Cádiz, a través del río Gaudalete
o la depresión de Antequera, siguiendo hacia oriente el surco intrabético,
por donde discurre la carretera nacional Jerez-Cartagena, y desde aquí,
por la cuenca del río Guadalhorce, alcanzar la costa mediterránea
en las proximidades de Málaga.
La zona inmediata a Ronda la Vieja dispone
de los recursos naturales necesarios para la subsistencia de una comunidad
humana: agua, buenas tierras de cultivo, materias primas para la fabricación
de útiles de labranza y domésticos (canteras de sílex,
arcilla y metales) y un medio natural rico en elementos vegetales y animales
para la caza y la recolección.
Los restos constructivos visibles pertenecen
a la ciudad romana de Acinipo, aunque las investigaciones, desarrolladas
a lo largo de varias campañas de excavaciones arqueológicas,
han demostrado que la ocupación de este asentamiento es mucho más
antigua, abarcando una cronología que va desde el cuarto milenio
antes de Cristo al siglo IV/V después de Cristo.
Referencias escritas a Acinipo nos aparecen
por primera vez en los textos clásicos de los geógrafos latinos
Ptolomeo y de Plinio, que la sitúan en la Beturia Céltica.
No obstante, es a partir del siglo XVI cuando comienzan a aparecer citas
de la ciudad en los grandes tratados históricos de la época,
donde se intenta asignar la ubicación de la ciudad con lugares concretos
y con una reiterada confusión con la batalla de Munda, relación
que será mantenida en los siglos siguientes, dando lugar a una amplia
producción literaria, que refleja encendidas polémicas eruditas.
A partir de la década de los
60, hasta la actualidad, se inicia una etapa de atención a la ciudad
romana como yacimiento arqueológico y monumento fundamental de nuestro
patrimonio histórico. En ella se producen las primeras intervenciones
arqueológicas modernas con la utilización de técnicas
adecuadas, lejos ya de las primeras excavaciones emprendidas por los hermanos
Oliver en el siglo XVIII, o las desaprensivas excavaciones clandestinas
que, junto con el expolio de los restos de materiales constructivos, significan
el capítulo más negro de la historia del yacimiento, lo que
por desgracia se prolonga hasta hoy.
A partir de 1985, una vez asumidas las competencias
en materia de patrimonio histórico por parte de la Junta de Andalucía,
se presentó por nuestra parte y se aprobó un Proyecto de
Investigación con el titulo de la «Prehistoria Reciente en
la Depresión de Ronda», que centra sus primeros trabajos de
excavación en la secuencia prerromana de la ciudad. Se han realizado
un total de tres campañas de excavación en los estratos pre
y protohistóricos, donde se han obtenido una potente secuencia que
abarca desde la segunda mitad del tercer milenio a. C. al siglo IV d. C.
Junto a esa documentación del proceso arqueológico de la
formación de la sociedad ibero-turdetana, hemos podido excavar una
zona amplia donde se desarrollan una serie de fases constructivas sucesivas,
centradas en el segundo y primer milenio a. C., que muestran la evolución
en un área del poblado, primero prehistórico, que va alcanzando
una gran envergadura, tanto en extensión como en riqueza y que culminará
en un importante núcleo poblacional en los siglos VIII a VI a. C.,
predecesor de la ciudad ibérica, que desde el siglo IV, será
la base de la ciudad romana de Acinipo. Esta documentación viene
a ratificar las ideas expresadas por las fuentes literarias clásicas
y por las historiográficas recientes, en las que se dejaba entrever
el largo pasado histórico de esta ciudad.
De la ciudad romana, que permanece en
casi su totalidad sin excavar, lo hecho hasta ahora permite conocer el
buen estado de conservación del urbanismo, constituido por edificaciones
dispuestas en terrazas escalonadas, que salvan la acusada pendiente natural
de la meseta donde se ubicaron. Las excavaciones dirigidas por D. Rafael
Puertas Tricas, director del museo arqueológico de Málaga,
han dejado al descubierto una serie de grandes construcciones, que él
interpretó como parte del foro o plaza pública de la ciudad,
realizadas con grandes sillares, muchas veces reutilizados.
De las viviendas privadas romanas, junto
a la entrada, se ha podido excavar parte de dos viviendas contiguas. Se
trata de típicas casas de atrium, con varias habitaciones en torno
a un patio con una pequeña alberca para la recogida de aguas de
lluvia. Estas habitaciones están estucadas y pintadas con colores
rojos, verdes, amarillos, formando motivos geométricos, solerias
de ladrillos o de opus, una especie de mortero romano. Las casas continuaban
hacia el interior de la meseta quizás en torno a otro patio peristilo,
que no han sido documentados.
De forma parcial, también es posible
conocer una de las termas públicas de la ciudad, con el sistema
de las tres piscinas escalonadas conservadas: caldarium, agua caliente,
tepidarium, agua templada y frigidarium, agua fría. Así mismo
se ha excavado el hipocaustum o lugar subterráneo, excavado en la
roca, donde se producía el calor que calentaba el agua y las paredes
de las termas.
El sistema defensivo que rodea toda
la parte accesible de la cuidad es visible en superficie, del que se conservan
lienzos de murallas ciclópeas, con torres circulares y cuadradas,
observables en la ladera oriental de la mesa de Ronda la Vieja. En este
mismo sentido, es posible observar la puerta monumental sur de la ciudad,
que se conserva en relativo buen estado de conservación. Como corresponde
a todas las ciudades romanas, las necrópolis principales se sitúan
junto a las puertas principales de la ciudad, en las laderas sur y nororiental.
Sobre la meseta pueden verse esparcidos multitud
de restos constructivos de todo tipo, pero lo que puede ser de mayor interés
son una serie de monumentos epigráficos, algunos bien conservados,
que dan idea de la importancia de la ciudad. Parte de estos restos epigráficos
y de materiales de construcción, como columnas, pueden encontrarse
en los cortijos de los alrededores. También es posible observar
las canteras de extracción de sillares para la construcción
de edificios principales públicos y privados, que se encuentran
dentro de los límites de la propia ciudad.
Sin embargo, el edificio mejor conservado
y símbolo de la ciudad es su teatro. Excavado en la ladera todo
su graderío, el vaciado suministró toda la piedra necesaria
para la elevación del frente de escena, con dos pisos, en el superior
con ornacinas para las estatuas de los personajes o dioses a los que se
dedica la obra, y el inferior con puertas de acceso a los camerinos. El
escenario se cubría con un cuerpo, a modo de pórtico, apoyado
en el muro de la escena y en columnas, de capiteles corintios (se conserva
uno de ellos), en la parte delantera del escenario. La base de este, excavada
en la roca, conserva las huellas de los anclajes de los artilugios que
se utilizaban para los telones y la tramoya en general. El acceso desde
la ciudad se hacia a través de dos vomitorium o pasillos, en forma
de L, cubiertos, que accedían a la cavea. Ésta se dividía
en dos parte, el semicírculo delante de la escena, reservado para
las autoridades y personas de más relieve, con mármoles y
materiales de mayor lujo en su revestimiento y pavimento, y el graderío,
organizado en seis sectores separados por pasillos escalonados, por donde
se accede a los asientos, donde se ubicaba el pueblo. El edificio se cerraba
con un grueso y alto muro perimetral, que apenas se conserva su traza.
Tras la excavación de D. Mariano del Amo de las Eras y restauración
posterior de D. Romón Fernández Baca, el teatro de Acinipo
es uno de los mejor conservado de la península ibérica, a
lo que se une su interés por ser uno de los más antiguos,
cambio de era, sin apenas modificaciones, de los que aún son visibles
en nuestro país.
Junto al teatro habría que plantear
la posible existencia de otro gran edificio público en la zona Oeste
de la mesa. Tanto las fotografías aéreas, como las huellas
superficiales, dejan ver una zona deprimida en forma de herradura,
donde se concentran las aguas de lluvia, por lo que es conocida por la
laguna. Nosotros creemos que se trata del lugar donde estuvo ubicado un
anfiteatro, de reducidas proporciones y con la mitad oeste excavado en
la ladera rocosa y la mitad este edificado con una estructura de madera,
hoy desaparecida. La existencia de este segundo monumento sería
lógica, si consideramos la importancia de la ciudad de Acinipo y
la existencia de este tipo de edificios públicos en otras ciudades
romanas de Hispania, que se corresponde con la categoría de cada
una, siendo normal la asociación teatro-anfiteatro en aquellas de
categoría similar a Acinipo.
La importancia de la ciudad radica en
su papel administrativo y político como cabecera de la comarca y
que queda evidenciado por la facultad de emitir moneda propia en las que,
además de sus símbolos, un racimo de uvas y dos espigas de
trigo, base de la economía de la ciudad, aparecen cargos públicos
como un edil, lo que demuestra su acceso a la categoría de civitas
o cuidad de pleno derecho latino ya en el siglo I antes de Cristo.
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Última actualización de esta página, 21 de enero de 2000